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Libre de culpa

Resulta benéfico para la imagen de los maestros, tan injustamente denigrada por diferentes medios de comunicación y diversos grupos al servicio de intereses que impulsan la desacreditación de la escuela pública, las recientes declaraciones del titular de la Secretaría de Educación (SEP) federal, que se deben tener por confesión expresa, mostrando que cuando permean los acuerdos negociados entre los diferentes partidos políticos a través de quienes se hacen llamar representantes populares, sus propuestas no funcionan, mucho menos cuando contravienen a nuestra Carta Magna.

 

Es incomprensible hacer público que se debe cambiar el sistema educativo que “a nadie satisfizo” sin culpar a ningún sector de esa condición para no faltar a la verdad, aspirando a la construcción de un “sistema robusto” en “la hora de la educación”,  según el dicho del Secretario de la SEP en el primer foro de consulta sobre el modelo educativo, iniciado el viernes de la semana pasada.

 

Evento que siguió con la lógica de juntar a sus luminarias de siempre para la “opinión calificada”, autoridades educativas estatales con sus acompañantes selectos, entre otros, dejando fuera a los docentes frente a grupo, quienes no fueron convocados y mucho menos se giró alguna indicación oficial que les permitieran los permisos para asistir, situación que empeoró con la difusión de la amenaza cumplida de los despidos de 500 maestros por faltar a sus labores.

 

Sembrado el terror represivo en el profesorado, no se acudió al citado foro para no colocar en riesgo el empleo, incumpliendo con el deseo oficial de “oír a todo aquel que quisiera intervenir en ellos”, como si la opinión pública no supiera de la irracionalidad burocrática que se impone en este tipo de eventos, tendientes más al tema mediático que a la resolución curricular urgente en el país.

 

A ello se suma la declaración, de que el examen para la Evaluación Nacional de Logros Académicos en Centros Escolares, conocido como Enlace, es el responsable de la mala calidad de la educación, sin mencionarlo se aceptó que los maestros no tienen nada que ver en este fracaso anunciado.

 

Se agrega además la aseveración de errores en los contenidos de los libros de texto, que no se redujo a los ortográficos, como causales de la situación actual de la educación en México.

 

Con tales antecedentes, no se requiere de mucha ciencia para asegurar que el maestro de carne y hueso, él de ética, él de formación, no es culpable de la mala educación, como irresponsablemente se ha difundido en su contra, para dañar nuestra profesión, prestigió y dignidad magisterial, los responsables directos son otros, cada lector lo puede deducir.    

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