1.- Aún antes de confirmar su catastrófica derrota en junio, en el primer círculo del poder presidencial ya discutía el rumbo a seguir a partir de esa fecha. El bosquejo de un perfil que alejara al pensamiento del elector de escándalos y corrupción, es en el que se trabaja desde entonces.
Un viraje a lo básico: juventud, buena fama pública o al menos ninguna mala, nada con aroma a los vicios y excesos del poder. El corazón del Revolucionario Institucional estará expuesto en Edoméx, con el cambio de gobernador. Habrá las más graves consecuencias para el priísmo si pierde aquí. La trayectoria partidista perdió valor, dadas las circunstancias actuales.
2.- En el diseño de ese perfil hay un ejercicio esencial e incluso simplista: tener más positivos que negativos.
La coyuntura con el electorado hace muy sensato no ir con candidatos ligados a negocios escandalosos, no tener nexos de ninguna clase con el crimen organizado, estar lejos del uso abusivo del poder. En suma: ser, y parecer, muy decente. Esa evaluación se ha ampliado incluso a las fuerzas básicas.
No hay aún definiciones, pero no es un disparate señalar que ahí está una ventana abierta para gente como Aristóteles Núñez, el rector Jorge Olvera, entre otros más.
Sigue vigente el grupo primario de los wannabes, cuyos nombres ya hemos mencionado en otras ocasiones.
Por cierto, ser un priísta con años de militancia y profunda trayectoria partidista, hoy no es tan importante o pregúntenle a Enrique Ochoa Reza.
3.- Les garantizo que Ana Lilia Herrera no quiere ser gobernadora.
También que Pepe Manzur no quiere ser gobernador.
Ante el brote reciente de la hipótesis que indica la salida de Eruviel Ávila de la gubernatura y el nombramiento de un sustituto, Ana y Pepe son mencionados. En estas circunstancias, no.
Ya si hablamos de periodo completo es distinto, ¡eh!


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