Se equivocan quienes dan por muerto a Del Mazo. El candidato del PRI no sólo está vivito y coleando: se mantiene a la cabeza de la competencia por la gubernatura, de acuerdo con 99 por ciento de las encuestas. Sí, le va muy mal en lo mediático, pero en la estrategia electoral, de capturar voto por voto hasta llegar al millón 850 mil que necesita para ganar, está muy aventajado.
También es un absurdo sostener que Josefina no tiene posibilidades. La candidata del PAN aparece en todas las encuestas cuatro o cinco puntos por debajo de Alfredo y Delfina (misma cifra del margen de error). Cualquiera de los tres, Alfredo, Delfina o Josefina, puede ganar.
La candidata de Morena ciertamente es la que más se fortalece. Sus propios adversarios se han encargado de ello al victimizarla frente al emocional electorado con sus ataques clasistas y racistas, como llamarla “maestrita” y “sirvienta”, o burlarse de sus dificultades para organizar rápidamente ideas y expresarlas fluidamente. Una muy buena porción del voto de castigo al PRI irá en apoyo de Delfina.
Juan Zepeda podría pasar a la historia como el esquirol de esta elección, el Judas que traicionó la voluntad popular –que claramente viene diciendo que no quiere que la dinastía Del Mazo continúe controlando al Estado de México–. Todas las encuestas, todas, documentan como siete de cada diez mexiquenses votarán en contra del candidato del PRI. Y el del PRD no tiene ninguna posibilidad de ganar la elección, pero sí de fraccionar el voto. La disyuntiva de Juan y la cúpula del PRD es tomar mucho dinero para sus cuentas personales, mantener la alcaldía de Nezahualcóyotl –y algunas otras de buen tamaño y presupuesto–, una senaduría, diputaciones locales y federales y hasta posiciones en el próximo gabinete si ayudan a ganar a Del Mazo, o sumarse al anhelo popular de cambio.
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La votaciones llegarán con Delfina y Alfredo técnicamente empatados en las encuestas; no habrá gran cambio en los días por venir. Todo se definirá el propio domingo y la diferencia se dará en la capacidad de movilización de votantes.
El mito de la invencibilidad priista cae. La gente parece estar decidida a hacerlo perder. Esa idea de que nadie puede ganarle en el Estado de México sólo permanece firme en el imaginario de los propios priistas, quienes están en todo su derecho de defender sus propios intereses, aunque muchos de éstos vayan en contra de los intereses populares.
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El momento crítico de la elección será cuando se cuenten los votos casilla por casilla y se llenen las actas. Ese será el punto climático de la elección, y el momento de mayor riesgo para la manipulación del resultado. En la medida en que haya vigilancia y transparencia, las posibilidades de fraude se diluyen. Tan sencillo que es ahora transmitir en vivo con un celular: la ley no lo prohíbe.
Hasta hoy el desempeño del Consejo General del IEEM ha sido decepcionante. Su pasividad es desesperante, y el papelazo que hizo en el caso Pastor le generó gran descrédito. Las presiones sobre los consejeros son enormes, es obvio que el grupo en el poder hará todo a su alcance para mantenerse. Se han vuelto casi del dominio público las constantes llamadas telefónicas y las reuniones privadas –por no decir clandestinas– con el secretario general de Gobierno. Este es el momento para ver con toda claridad cuál es la estatura de cada uno de los consejeros, que –se supone– representan los intereses ciudadanos.


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