¿Alguien se acuerda de Teresa Castell? Apenas un mes después de las elecciones, ha quedado en el olvido (como era previsible). La “candidata independiente” –a quien desde el poder le juntaron las firmas de apoyo para el registro y financiaron su campaña–, 32 días después de las votaciones, es nadie, nada.
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Faltan unas cuantas semanas para el relevo en el Poder Ejecutivo y la lista de pendientes no es larga… ¡es larguísima! Se le agotó el tiempo a Eruviel, y los días apenas si le alcanzarán para la entrega, apagar la luz y bajar la cortina. La papa caliente de “Abracemos Tollocan” será quizá el menor de los problemas que herede a Alfredo (o a quien quede).
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Justamente Cruz Roa será quien tendrá que lograr el consenso de las fuerzas políticas en la Cámara para sacar un buen presupuesto para 2018 (que estará muy cercano a los 300 mil millones de pesos). Si Alfredo del Mazo queda –como parece que sucederá–, necesitará mucho dinero para empezar a cumplir sus promesas de campaña. Allí, Cruz se jugará todo; podría ser que hasta la reelección.
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En un par de semanas –y algunos días– Enrique Peña estará con sus amigos más cercanos celebrando sus 51 años como le gusta: echando trago en Ixtapan de la Sal. Le han organizado una comida privada con bohemia de fin de semana (no se ha decidido si en Los Amates o en Gran Reserva). Peña encuentra allí lo que tal vez no haya en ningún otro lado: confort, calor humano y protección emocional. Pero no estará Del Mazo; el presidente no quiere que se les vea juntos en tanto no esté el fallo definitivo en tribunales, sobre los resultados de la elección que le dan el triunfo.
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El que se ha diluido como sal en agua, opacado y apocado absolutamente, es el alcalde de Metepec, quien nada más no ha podido encontrarle la cuadratura al círculo del gobierno, y su mandato está reducido a una especie de gerente de servicios del municipio. Quien se asumía como uno de los cachorros consentidos ha quedado marginado, al no alcanzar la nota que el delmacismo esperaba de él. La carta a la que apuesta David López ya no es Ana Lilia Herrera ni su papá, sino que le haga el favor el todavía muy poderoso secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, quien lo ha tomado casi en adopción.
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El secretario del Medio Ambiente, Raúl Vargas Herrera, anda que ensucia los calzones, y no de miedo por su supina ignorancia en cualquiera de las ramas de la ecología, ni por el papelón que ha hecho frente al movimiento de resistencia civil “Abracemos Tollocan”, sino por los desatinados comentarios políticos que muchas veces hizo en sus comunes borracheras. De Vargas siempre se ha sabido que es un zopenco, pero se requiere ser francamente tonto o suicida para proclamar, antes de tiempo, la muerte del Grupo Atlacomulco y el surgimiento del “Grupo Metepec”, que –según él– controlaría el poder estatal y al PRI durante los siguientes sexenios. Cuentan quienes lo escucharon que el colaborador de Eruviel no se cansaba de recomendar a alcaldes, diputados y funcionarios que se pusieran a las órdenes de Ana Lilia Herrera; Del Mazo no tenía ninguna posibilidad, justificaba. Era así como preconizaba el advenimiento del “Grupo Metepec”, que terminaría la obra de Eruviel y acabaría con el “Grupo Atlacomulco”. Qué tendrá que decir ahora el famoso “negrito”.


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