Uno pensaría que “Lo que sé de los hombrecillos”, novela de Juan José Millás, evocaría la visita a Liliput de Lemuel en la inmortal “Los viajes de Gulliver” –especialmente al inicio, en que el hombre descubre, tras despertar, cómo pequeños caballeros deambulan sobre su cuerpo–. Mas las coincidencias concluyen ahí: la historia que nos relata el valenciano nos manifiesta un universo completamente distinto al de Swift.
El protagonista (quien, para Ricardo Senabre, es un “desdoblamiento típico de Millás”, un “individuo solitario que narra la historia (y que) ha ido poco a poco aislándose del mundo, cediendo su libertad personal y renunciando a costumbres, apetencias y modos de vida”) es un profesor emérito, encadenado a un matrimonio cómodo, quien ve en la llegada de los diminutos seres una vía de escape para su deslucida vida. Pero está lejos de vislumbrar el desenlace…
Para el escritor y periodista Juan Cruz, Juan José Millás es “creativo, prolífico, capaz de producir con la misma mano historias muy diferentes, presididas todas ellas por una imaginación en la que se mezclan Kafka, Bernhard y Beckett, con una escritura que rebusca en los rumores rítmicos de Jorge Luis Borges”. Si nos atenemos con exclusividad a “Lo que sé de los hombrecillos”, tal enunciación resulta hiperbólica a más no poder: no hay nada de esos grandes, excelsos autores en las páginas de Millás. No obstante, mirado con un ojo crítico contemporáneo a la basura que se publica constantemente en todo el orbe, el libro tiene méritos suficientes para superar la media literaria actual.


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