Los hijos del general


El talón municipal de la transformación

El punto más frágil del movimiento de transformación no está en el discurso nacional ni en la narrativa presidencial, sino en tierra húmeda y calle estrecha: los gobiernos municipales. No todos, pero sí demasiados. Ahí donde la política deja de ser consigna y se vuelve gestión, conflicto y operación diaria, la 4T acusa fallas visibles. En ese frente, aparece el nombre de César Faz, subsecretario de Desarrollo Municipal, cuyo saldo no solo es pobre, sino contraproducente. Lejos de desactivar tensiones, en varios municipios su intervención ha coincidido con conflictos que escalan, alcaldes aislados y crisis mal leídas. El problema no parece ideológico, sino operativo: desconocimiento del territorio, lectura superficial de los actores locales y una experiencia política limitada para un cargo que exige colmillo, memoria y redes. El Estado de México no se gobierna con manuales importados ni con buenas intenciones; se gobierna con conocimiento fino del poder municipal. Cuando el operador no entiende el campo, el conflicto no se resuelve: se reproduce.

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El bombero que apaga lo que otros incendian

Hombre con gafas y barba sentado frente a un escritorio, vistiendo un traje azul y corbata roja, con una placa identificativa sobre la mesa.

En la aritmética real del poder, no todo el equipo juega igual ni al mismo deporte. Mientras César Faz descompone tableros que ya venían difíciles, Alex Viedma suele entrar a recoger los platos rotos. No es glamour, es oficio. Donde uno desordena, el otro recompone; donde hay berrinche municipal, aparece el control de daños; donde el conflicto escala, llega la negociación que sí entiende el territorio. Horacio Duarte lo sabe y actúa en consecuencia: Viedma es el operador que hace lo que Faz no puede. En todo equipo hay quienes suman, quienes restan y quienes estorban sin darse cuenta. El problema no es que eso ocurra; el problema es insistir cuando el marcador ya va en contra.

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Un error que derivó en crisis en El Oro

El caso de El Oro ya no admite eufemismos. La gestión de Juana Elizabeth Díaz Peñaloza es políticamente insostenible. Perdió respaldo, autoridad y capacidad de mando casi al mismo tiempo, que en política municipal es la forma más rápida de quedarse sola. Morena se equivocó en la selección y hoy paga el costo. Lo que comenzó como un problema menor escaló a conflicto abierto y terminó en una crisis político-administrativa: cabildo prácticamente en bloque en su contra, regidores en resistencia abierta, decisiones paralizadas y una administración que dejó de gobernar para dedicarse a administrar la emergencia. En municipios pequeños, el margen de error es mínimo, porque todo se ve y todo pesa. Aquí, el poder ya no ordena, apenas reacciona. Y cuando un ayuntamiento pierde conducción, el vacío no se llena con discursos, sino con parálisis.

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La mesa donde faltan los senadores

La gobernadora ha desplegado una coreografía política precisa: alcaldes, diputadas y diputados locales, federales, incluso periodistas locales. Todos han pasado por la mesa, la foto y la señal de conducción. Todos, menos los senadores. La ausencia es el mensaje: Mariela Álvarez (Morena), Sandra Luz Falcón Venegas (Morena), Enrique Vargas del Villar (PAN) y Cristina Ruiz Sandoval (PRI) no aparecen en la agenda. Tampoco Higinio Martínez. Las posibilidades son tres y ninguna es menor: o no han sido convocados, o no han logrado construir una interlocución efectiva, o simplemente no han querido sentarse. En política, cualquiera de las tres habla menos de agenda y más de posición.

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Un ciclo que se cerró en silencio

Hombre de cabello corto y vestido de traje oscuro, sentado frente a una mesa con las manos entrelazadas, en un ambiente de oficina.

El ciclo de Roberto Cervantes Martínez al frente de la Dirección General de Administración del Poder Judicial del Estado de México se cerró sin estridencias, como suelen hacerlo los relevos que ya estaban descontados. Fue el hombre de los dineros durante la gestión de Ricardo Sodi, un periodo que dejó tensiones internas, agravios soterrados y una relación áspera con parte del pleno. Las heridas quedaron ahí, visibles para quien sabe mirar. Quizá entre ellos el propio Héctor Macedo García, hoy presidente del nuevo Poder Judicial, que hereda no solo la institución, sino también el costo político de una administración que confundió control con centralismo. Cervantes se fue como llegó: sin explicaciones públicas y sin mayor sobresalto. Su hermano, el fiscal general Alejandro Cervantes Martínez, puede respirar tranquilo. En el Edomex, cuando un ciclo se cierra en silencio, no es porque no haya pasado nada, sino porque ya pasó todo.

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