Los Maduro de Huixquilucan

El problema aparece cuando se mira a casa. Vargas gobierna desde enero de 2015; luego, dejó la alcaldía a su esposa Romina Contreras Carrasco, reelecta en 2024
enero 5, 2026

■ Libertades lejanas, continuidades domésticas;
■ Memoria histórica contra la amnesia política;
■ Pobreza real, ambición anticipada.

El senador Enrique Vargas del Villar celebró en redes la intervención de Estados Unidos en Venezuela para detener a Nicolás Maduro, aludiendo implícitamente a sus 13 años en el poder como justificación política del festejo. La referencia no fue casual: sirve para dotar de sentido moral a la consigna “Venezuela libre”. El problema aparece cuando se mira a casa. En Huixquilucan, Vargas gobierna desde enero de 2015; luego, dejó la alcaldía a su esposa Romina Contreras Carrasco, reelecta en 2024 y en funciones hasta 2027. El propio Vargas ya anunció que volverá a competir por la presidencia municipal en 2027, con el aval del Partido Acción Nacional, para mantener la continuidad familiar en el poder. Los 13 años allá son autoritarismo; 13 aquí se presentan como estabilidad. La vara cambia según el territorio. El chiste se cuenta solo.
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Hombre con gafas de protección y auriculares, sentado frente a un ambiente oscuro con elementos de seguridad.

Memoria corta, principios ausentes

Hay que ser muy ignorante, muy perverso o ambas cosas para celebrar que Estados Unidos invada un país soberano, secuestre a su presidente y lo juzgue bajo sus reglas y sus intereses. No se trata de simpatías ni de Nicolás Maduro. Se trata de principios y de memoria histórica. A México, Estados Unidos le arrebató en 1848 más de la mitad de su territorio tras una guerra de rapiña que ningún patriota mínimamente informado debería olvidar. Aplaudir hoy una intervención extranjera es renunciar a esa memoria y aceptar que la fuerza sustituya al derecho cuando conviene. No es ideología: es dignidad básica. Quien festeja estas acciones razona desde la amnesia, no desde la política. Enanos intelectuales y morales.
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Los de siempre, el mismo guion

No es nuevo ni casual. Los conservadores alentaron la invasión francesa y la intervención británica, también operaron para imponer a Maximiliano de Habsburgo como emperador. En versión moderna, durante el neoliberalismo, entregaron bienes nacionales, socializaron las deudas privadas de los banqueros y buscaron devolver el petróleo y la electricidad a manos extranjeras. No son adversarios ideológicos: son enemigos históricos de México. Hoy, tienen siglas claras, PRI y PAN, y son, en buena medida, quienes celebran la intervención en Venezuela y fantasean con que Donald Trump haga lo mismo aquí. No es error: es doctrina. Vendepatrias.
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Vista de una vivienda en mal estado con ropa colgada en un tendedero, en un entorno rural con cielo parcialmente nublado.

La pobreza no es paisaje

Arranca 2026 y cinco municipios del Estado de México lo hacen desde el sótano social, no por metáfora sino por evidencia. Ixtapan del Oro concentra 80.9 % de su población en pobreza (2020); gobierna la coalición Sigamos Haciendo Historia. Donato Guerra alcanza 77.8 %; gobierna Morena. Zumpahuacán, 77.6 %; gobierna el PT. San José del Rincón, 77.0 %; gobierna la misma coalición. Ixtlahuaca, 76.4 %; gobierna Morena. Los datos son del CIEPS. No es una tabla, es una vida: ser pobre es infancia sin alimento, educación ni salud; adultez sin ingresos dignos o bajo explotación. Convertir esa realidad en costumbre es la peor derrota pública. No olvidarlos no es un gesto moral: es una responsabilidad política.
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El año de los wannabes

El 2026 inaugura el año de los aspirantes y, con él, una patología conocida: la clase política entra en excitación preelectoral y muchos dejan de gobernar el presente para ensayar discursos del futuro. El cargo se vuelve trampolín, no responsabilidad; la gestión, utilería. Es una conducta mezquina e irresponsable: quien desea otro puesto debería renunciar y competir sin usar el gobierno como plataforma; quien busca reelegirse tiene una obligación previa y verificable: entregar buenas cuentas. Lo contrario es una falla ética y un déficit democrático. El Estado no es sala de espera ni botín de campaña; es una institución en ejercicio. Cuando el deseo de poder sustituye al deber de gobernar, la política se degrada en ambición administrativa. El chiste se cuenta solo.

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