Los nuevos ricos del régimen anterior

Una economía política del viejo régimen que ayuda a entender por qué algunos miran el presente con nostalgia… y con bastante tranquilidad financiera
marzo 6, 2026

■ El tiempo también gobierna;
■ La causa y la disciplina;
■ Conversos y rentistas del poder.

El viejo y el mar

En política, los nombramientos son rituales de poder: elevan el capital simbólico y despiertan ambiciones que ya se creían dormidas. El ascenso de Higinio Martínez Miranda a la vicecoordinación de la bancada de Morena en el Senado de la República ha hecho que algunos ya lo imaginen disputando la gubernatura en 2029. Conviene mirar el calendario: para entonces tendría 73 años. En política, la ambición empuja a volver al mar una y otra vez. Pero a cierta edad la travesía deja algo claro: uno puede pelear con dignidad contra las olas… y aun así regresar al puerto con el pez devorado por los tiburones. Solo queda el esqueleto. Y el recuerdo de la batalla.

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La causa

En política, hay momentos en que una frase ordena más que mil discursos. Eso hizo Horacio Duarte Olivares al declarar que en el Estado de México “solo hay un liderazgo político: el de la gobernadora”. No es una cortesía retórica. Es un gesto de disciplina en el campo del poder: besar el anillo y poner la espada al servicio de la causa. Duarte deja claro que su tiempo político no está disponible para proyectos personales, sino para sostener el liderazgo de Delfina Gómez Álvarez. En un sistema donde todos calculan el mañana, la señal es contundente: primero el proyecto, luego las ambiciones. Y, cuando un operador de ese tamaño habla así, el tablero entero se reacomoda.

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Dogma de conversión

En la teología católica existen dos misterios que ayudan a entender ciertos fenómenos del poder. La Transfiguración transforma la apariencia; la Transubstanciación sostiene algo más radical: que la sustancia misma cambia aunque las formas visibles permanezcan. La política mexiquense parece ensayar ambas liturgias. Viejos cuadros del Partido Revolucionario Institucional han descubierto de pronto una vocación verde en el Partido Verde Ecologista de México o se revisten de guinda en Morena; mientras algunos antiguos militantes del Partido Acción Nacional aparecen ahora convertidos al entusiasmo naranja de Movimiento Ciudadano. El ritual pretende que el cambio de colores sea leído como una conversión profunda. Pero la política suele ser menos milagrosa que la teología: cambian las túnicas, cambian los altares… la sustancia permanece.

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El proyecto

En política municipal, el poder se mide en territorio, no en discursos. Y en Toluca, Ricardo Moreno Bastida ha construido una herramienta que empieza a mostrar eficacia: Proyecto 21. Nació como agenda ciudadana, pero con los años se ha convertido en una estructura territorial capaz de movilizar miles de simpatizantes y atraer operadores provenientes de distintos partidos, incluidos antiguos cuadros del PRI y del PAN. Desde esa base, el objetivo parece claro: consolidar el control político de la capital mexiquense. El plan es evidente: retener la alcaldía y disputar el paquete completo de representación de Toluca —las diputaciones locales y las dos federales—. Pero todo ese músculo territorial tiene una dirección política definida: poner la estructura al servicio de la llamada Cuarta Transformación y del liderazgo de la gobernadora Delfina Gómez.

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Los nuevos ricos del régimen

Una de las herencias más visibles del último ciclo del Partido Revolucionario Institucional en el Edomex no está en los discursos ni en los archivos oficiales: está en los patrimonios. Las historias sobre la súbita prosperidad de buena parte de la alta burocracia priista son tan abundantes como incómodas. Funcionarios que durante años vivieron del presupuesto público lograron una evolución patrimonial difícil de explicar con un salario de servidor público. Casas, ranchos, empresas, inversiones: la acumulación fue tal que muchos de ellos hoy pueden permitirse algo inusual en la política mexicana: no trabajar y vivir de sus rentas. Gobernaron mientras ocuparon el cargo; después, el dinero acumulado siguió trabajando por ellos. Una economía política del viejo régimen que ayuda a entender por qué algunos miran el presente con nostalgia… y con bastante tranquilidad financiera.

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