El tiempo pasa, no se detiene. Aquellos años de energía indomable, piernas fuertes y libido a flor de piel se convierten poco a poco en recuerdo de lo que fuimos. Se pierden amores, se olvidan rostros, se agota el cuerpo. Esa es la vejez que nos anuncia el preámbulo del final; es una realidad difícil de asimilar, más aún cuando alguien de la población de Lésbico, Gay, Bisexual, Travestí, Transexual, Transgénero e Intersexual (LGBTTTI) llega a ese momento.
En México, hacerle frente al envejecimiento no es una necesidad de primer nivel entre la sociedad, es innegable que este problema de desigualdad generacional, siempre se ha vislumbrado entre penumbras.
Las y los adultos mayores representan uno de los sectores más vulnerables en el país. El tiempo no es el único juez atroz, también está el abandono, la reclusión en soledad, el encierro involuntario en asilos, la lejanía de la familia, el olvido del Estado e incluso la poca probabilidad para encontrar pareja. El culto a la juventud en los diferentes medios y espacios públicos, también se une a esta discriminación. En la actualidad, ser joven se constituye como la tendencia, el cumplir años en un “pecado” y ser mayor se traduce en un lastre.
En muchas ocasiones, la propia comunidad gay que busca luchar por la diversidad, el respeto de ser diferentes y erradicar todo tipo de desigualdad social, califica a la edad como una circunstancia que implica menoscabo. Esto abarca desde la exclusión de los centros de recreación dirigidos a la población LGBT, como antros; marchas por la diversidad sexual o espacios dedicados a la libertad de expresión, lo que provoca una segmentación obligatoria a otro tipo de actividades que se consideran “apropiadas”, culturalmente, para todos aquellos que ya no son menores.
Asimismo, dentro de las políticas de población del país no resalta alguna que se dedique a este sector, en comparación con algunas medidas que se ejercen de manera exitosa en otras latitudes y regiones del mundo, donde los adultos mayores son miembros activos de la sociedad y no las personas “incómodas” que el Estado debe mantener por obligación.
Casos como los de Australia, Estados Unidos, Alemania, India y, recientemente España y Argentina, han sentado los modelos a seguir en la construcción de geriátricos, conjuntos residenciales, centros o clubes de ancianos LGTB; estos centros representan una alternativa de evitar la marginación a la que son sometidos las personas de la tercera edad con orientación sexual diferente en asilos comunes, donde suelen llegar a sufrir acoso y maltrato por parte de compañeros de residencia e incluso por cuidadores que se niegan a tratar a personas homosexuales y/o transexuales.
La multiplicidad de estigmas por el rechazo hacia la vejez y la orientación sexual, obliga a muchas personas a regresar o aislarse en el clóset. Una persona mayor de 60 años que acepte que tiene una preferencia sexual diferente, no debe ser motivo de escarnio público, extrañeza o asco. Son seres humanos con el derecho pleno a ejercer su sexualidad. Que no se nos olvide.
No caben los discursos excluyentes, ni la lógica que desprecia la tercera edad sólo porque ya no encaja con los patrones de belleza o sensualidad, ligadas a la juventud. No, aquí no hay lugar para los comentarios desafortunados del conductor de espectáculos de Televisa, Juan José Origel, para criticar la “salida del clóset” del otrora conductor, Pedro Sola, porque es “ridículo” decirlo a una edad avanzada y preferir la homosexualidad de Ricky Martin sólo porque es “guapo y sexy”. Mejor volteemos la cara hacia el ex senador demócrata de Estados Unidos, Harris Wofford, de 90 años, quien anunció en días pasados, a través del “New York Times”, su compromiso conyugal con un hombre.
Es necesario redescubrir e insistir en las necesidades de este sector en nuestras ciudades y comunidades, eliminar etiquetas sobre la sexualidad y aprender que envejecer no debe ser motivo de riesgo, miedo, perjuicio o invisibilidad ante los ojos de los demás, de los activistas, investigadores, médicos, administradores, políticos y familiares, sino razón de orgullo y respeto en todos los espacios públicos y privados.
Además, no es por espantarlo, pero durante los próximos 25 años las personas mayores de 65 años pasarán a ser el 20 por ciento de la población mundial, de los cuales, entre siete y 10 por ciento serán personas LGBT, es decir, cada vez tendrán un mayor peso social y requerirá que necesidades específicas sean atendidas de manera digna en todos los rubros. Por ello, resulta fundamental prever, planear, atender y trabajar por las personas de la diversidad sexual en la tercera edad y no sólo en los jóvenes. Esa es tarea de todos, activistas, organizaciones sociales, medios de comunicación, empresas y políticos.
Pensemos que tarde o temprano llegaremos a esa edad, siendo o no homosexuales, tal vez, ése sea motivo suficiente para sensibilizarnos, al menos, por un instante sobre la vulnerabilidad que padece un adulto mayor. Recuerde aquel refrán: “Como te ves, me vi. Como me ves, te verás”. Mírelos y trátelos con respeto. Sólo eso.
“Ya nos leyó en Alfa, ahora esperamos sus comentarios y dudas en nuestro twitter @FDCRadio. Gracias.”


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