Dudar no es debilidad: es memoria

Porque solo quienes dudan de lo evidente, merecen explicaciones
mayo 19, 2025

Dudar no es debilidad: es memoria. En un Estado donde cada sexenio promete refundar lo mismo y cada crisis se recicla como oportunidad, la sospecha es una forma de higiene cívica. Aquí, cinco preguntas mayores disfrazadas de otras tantas pequeñas grietas. Porque solo quienes dudan de lo evidente, merecen explicaciones.

I. El porvenir como consuelo: la imaginación política y sus espejismos

a) ¿Puede un pueblo imaginar un futuro distinto cuando su presente es administrado con los mismos moldes de siempre?
b) ¿Qué tanto de lo que llamamos “esperanza” es una proyección construida por los medios, los partidos y el marketing gubernamental?
c) ¿No es inquietante que nadie pueda describir con claridad cómo se ve ese Edomex transformado que todos dicen esperar?
d) ¿O estamos ante la versión local del «ya merito», donde cada sexenio promete lo que nunca pensó cumplir, pero igual cobra por soñarlo?
e) ¿Qué pasará si el futuro imaginado sigue posponiéndose y, cuando llegue, ya no emocione a nadie?

Moraleja: El mañana no es un milagro: si no se construye desde hoy, se convierte en consigna hueca y archivo muerto.

II. Justicia en disputa: entre la voluntad ciudadana y los guardianes del viejo orden

a) ¿Puede una sociedad construir justicia si siempre ha sido espectadora y nunca protagonista del poder que la juzga?
b) ¿Qué dice de nosotros que desconfiemos más del pueblo votando jueces que de los pactos de élite que históricamente los han designado?
c) ¿No es extraño que quienes nunca cuestionaron el autoritarismo judicial hoy se rasguen las togas por defender su “independencia”?
d) ¿O resulta que ahora la justicia peligra… sólo porque por primera vez va a mirar de frente a la ciudadanía?
e) ¿Qué ocurrirá cuando, pese a sus defectos iniciales, esta reforma siembre la idea de que la justicia también puede rendir cuentas?

Moraleja: Votar por jueces no resuelve todo, pero cambia algo esencial: por fin, la justicia sabrá que el pueblo también la observa.

III. La universidad sitiada: entre el mito de la autonomía y el laberinto del poder interno

a) ¿Puede una universidad cumplir su promesa de formar pensamiento libre si está atrapada en estructuras que premian la obediencia?
b) ¿Qué tanto de la crisis actual se explica por el abandono académico y cuánto por la captura burocrática de sus espacios clave?
c) ¿No es inquietante que nadie —ni dentro ni fuera— logre articular con claridad qué tipo de universidad necesita el Estado de México hoy?
d) ¿O seguimos creyendo que cambiar al rector basta, cuando los verdaderos vicios llevan décadas rentando oficinas sin cambiar una coma?
e) ¿Qué tan gobernable será una institución que ya no cree en sus autoridades y donde el conflicto se volvió rutina administrativa?

Moraleja: Sin reforma profunda, la UAEMéx seguirá educando para la sumisión y reproduciendo la misma élite que hoy la asfixia.

IV. De Atlacomulco a Texcoco: mutaciones del poder, permanencias del sistema

a) ¿Es posible ascender políticamente en el Estado de México sin antes haberse doblegado a los códigos no escritos del poder que se dice combatir?
b) ¿Qué distingue al grupo que llegó desde Texcoco del que durante décadas operó desde Atlacomulco, más allá del lugar de nacimiento y los apellidos?
c) ¿No resulta sospechoso que los métodos, los pactos y hasta los operadores se parezcan tanto entre quienes se acusan mutuamente de corrupción?
d) ¿O la Cuarta Transformación en Edomex es apenas una versión más austera del mismo viejo guion, pero con discurso escolar y uniforme magisterial?
e) ¿Qué pasará cuando incluso los más leales al nuevo régimen empiecen a notar que los vicios que se fueron eran exactamente los mismos que ahora regresan?

Moraleja: En el Estado de México, el poder cambia de rostro, no de hábitos: Texcoco no derrotó a Atlacomulco, solo aprendió a hablar su idioma.

V. El presupuesto como ritual: 388 mil millones para todos… y primero para los bancos

a) ¿Qué tan público es un presupuesto cuando una porción significativa se destina a pagar compromisos privados disfrazados de política fiscal?
b) ¿Puede hablarse de justicia presupuestal si, antes que la justicia misma, cobran los bancos?
c) ¿No es curioso que los beneficiarios más constantes del gasto público no aparezcan en conferencias, pero siempre estén en los estados financieros?
d) ¿O deberíamos imprimir billetes con la cara de los acreedores, ya que tienen más presencia en la operación del Estado que muchos secretarios?
e) ¿Qué pasará cuando la ciudadanía empiece a entender que entre la deuda de 70 mil millones y los servicios precarios, hay una correlación y no una coincidencia?

Moraleja: El presupuesto debería reflejar prioridades sociales: pero mientras la deuda siga dictando las formas, los bancos seguirán gobernando en silencio.

Epílogo: No se trata de no creer en nada, sino de no conformarse con cualquier cosa. Mientras el poder repite que todo va bien y las cifras maquillan la realidad, la pregunta se vuelve un acto de resistencia. En el Edomex, más que respuestas, necesitamos conciencia. Y la conciencia siempre empieza con una duda.

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