A los cinco años, Matías Gutiérrez Aranda, conocido cariñosamente como «Mati» por sus amigos y familia, recibió un diagnóstico devastador: un cáncer agresivo que no solo le costó una de sus piernas, sino que también puso en riesgo su vida. Hoy, con ocho años de edad, lleno de energía y alegría, está por pasar a tercer grado de primaria. Su historia es un testimonio de lucha, esperanza y resiliencia.
El inicio de la batalla
La vida de Mati y la de sus padres cambió para siempre con el diagnóstico de cáncer. Antes de la amputación de su pierna, sus padres recurrieron a una tanatóloga para explicarle al pequeño cuál era el proceso. Con una valentía admirable, el niño aceptó la situación. Después de la amputación pasó 9 meses en el hospital recibiendo quimioterapias e inmunoterapia para evitar que el cáncer se extendiera a sus pulmones.
El 25 de marzo de 2023, Mati tocó la campana de «libre de cáncer». Ahora lleva un año y cuatro meses sin la enfermedad.
Adaptación y sacrificios
En entrevista para AD Noticias, la madre del menor, Cynthia Aranda, compartió que tuvo que reorganizar la vida familiar para adaptarse a las nuevas necesidades de Mati. Aunque contaban con medicamentos del ISSEMYM, donde ella y su esposo trabajan, recurrieron a un costoso tratamiento alternativo. Para financiarlo, la familia organizó rifas y recibió ayuda de fundaciones y de la comunidad. Un grupo biker y la escuela de Mati organizaron colectas de tapitas de plástico, esenciales para financiar el tratamiento.
«Tomamos la decisión de darle un medicamento alternativo y este medicamento no es nada barato. Teníamos que sacar de alguna manera el dinero extra porque el cáncer no solo implica el medicamento, sino todo el cambio en tu vida; desde la vajilla de Mati, los cuidados de quienes tenían que entrar, porque se tenían que sanitizar, el gel antibacterial, aparte ya casi íbamos de salida de la pandemia, pero a Mati le dio Covid estando internado«, recordó.
A pesar de los desafíos, Mati lleva una vida casi normal. Este año, está por pasar a tercer grado de primaria. Todas las mañanas su tío lo lleva a la escuela junto a su hermano mayor Santi, de 12 años, e incluso su sentido del humor se hace cada día mejor, ya que, al contar cómo perdió su pierna derecha, inventa que sus padres lo llevaron a un zoológico, donde un león escapó, lo atacó como si «le cayera gordo» y se comió su pierna. Sonriente, recuerda que esta versión la ha dicho a compañeros de la escuela que sí le han creído.
«Puedo subir las escaleras como flash», dice el niño sonriente.
El pequeño a veces se sube al camión con sus muletas, y diario llega a casa de la escuela, come, hace su tarea y mantiene una energía inagotable, exigiendo a su madre que juegue con él. Desafortunadamente, su familia aún no encuentra otra actividad cerca de su casa, en la Delegación San Mateo Oxtotitlán, en Toluca, para que el niño pueda canalizar su energía, pues las opciones para un menor con discapacidad física no abundan en esta región.
El encuentro con el futbol americano
Desde el primer día que lo vio, el futbol americano se convirtió en una pasión para él. Su equipo, Los Lobos de Toluca, le dio una cálida bienvenida y la oportunidad de jugar en un partido oficial, donde anotó un touchdown, cuyo video se viralizó, no hace mucho tiempo, en las redes sociales.
«No podía dormir, a veces me despertaba porque estaba viendo si ya era de día, porque en la noche mis papás me dijeron «te van a dejar hacer una jugada», me empecé a alocar, grité por toda la casa y les dije ya vámonos a dormir, pero me despertaba. Algo me motivó mucho, anotar el touch, llegué hasta los cambiadores y antes de ponerme todo, todos mis amigos estaban diciendo «Mati, vamos a ganar por ti, vamos a ganar por ti, por tu touch», y al final que salimos me dijeron «ven, Mati, ya te toca», y entonces ya hice mi touch y se sintió muy bonito anotarlo».
La familia nunca había tenido contacto con este deporte, pero Mati quedó fascinado al ver jugar a su hermano. La empatía de los padres de los otros jugadores y el apoyo del dueño del equipo, Jorge Castañeda, le dieron a Mati la oportunidad de cumplir su sueño de jugar. La primera vez que jugó, la emoción fue indescriptible, no pudo dormir la noche previa y sus compañeros de equipo y los entrenadores lo recibieron con los brazos abiertos, dándole una playera firmada con la frase «no hay nada imposible», que se convirtió en la favorita del pequeño guerrero.
Desafíos y esperanzas futuras
La lucha de Matías no termina con la remisión del cáncer, adaptarse a la prótesis ha sido un desafío, ya que el muñón a menudo le duele. La familia espera que con el tiempo pueda usar la prótesis más constantemente y, eventualmente, conseguir una que sea deportiva, misma que por ahora no se pueden permitir debido a su costo superior a los 150 mil pesos y a las múltiples adecuaciones que requeriría debido al crecimiento natural del pequeño de 8 años.
A pesar de las dificultades, él sigue siendo activo, “un remolino en casa”, le gustan las películas de superhéroes, Iron Man y Flash son sus favoritos, y de grande desea convertirse en un famoso cantante, al igual que algunos de sus ídolos musicales como Fato, Picus o Christian Nodal.
La sociedad ante el cáncer
Desde la sala de su hogar, Cynthia hace un llamado a la comunidad para que se abra más al tema del cáncer y a que las personas sean más empáticas con quienes padecen esta enfermedad.
«Que se abran más al tema del cáncer, no estamos exentos de que nos pase, porque lamentablemente es algo que a cualquiera le puede pasar. Nosotros no tenemos algún familiar que tenga cáncer y pues Mati tuvo, entonces si podemos ser más empáticos con las personas que están pasando por esta situación, no solo económicamente, a veces lo único que necesitan es una palabra de apoyo, el que estemos ahí sin juzgarlos».
La familia sigue recolectando tapitas de plástico en su página «Con un Piecito, la Lucha de Mati» y aboga por una verdadera inclusión para las personas con discapacidades en México. A pesar de los avances lentos, Cynthia ve una diferencia y confía en que la situación mejorará.
La historia de Mati y su familia es un recordatorio de que, con apoyo y determinación, “no hay nada imposible”.


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