Existe una práctica, iniciada en el Lejano Oriente, que llegó a nuestro lado del globo y que cada vez tiene mayor aceptación por los beneficios que nos brinda. Y lo mejor es que ¡no cuesta ni un peso, y puede ser con sólo 10 minutos al día! ¿Sabes de qué te hablo? ¡SÍ! ¡La meditación! Con ella puedes relajar la mente hasta liberar la conciencia.
Empieza por encontrar un ambiente tranquilo: Es importante evitar cualquier distracción externa (OJO: No tiene que ser completamente silencioso; aunque escuches ruido de coches, perros ladrando, gente hablando, esto no debe interferir con una meditación exitosa. De hecho, debes estar consciente de estos sonidos pero no dejar que dominen tus pensamientos).
Utiliza ropa cómoda.
Designa un tiempo: El que tú quieras: cinco, diez, veinte minutos. Una vez decidido tu horario, ¡CÚMPLELO! Debes intentar que tu meditación sea diario, a la misma hora; se debe volver IMPOSTERGABLE.
Siéntate en una posición cómoda: La posición tradicional consiste en colocar las manos con las palmas hacia arriba, con la mano derecha encima de la izquierda. Sin embargo, también puedes dejar reposar las manos sobre las rodillas o dejarlas sueltas a ambos lados. Elige la posición que prefieras.
Cierra los ojos.
Enfócate en tu respiración: Lo más básico y universal de todas las técnicas de meditación es la respiración. Elige un punto sobre tu ombligo y enfócate en ese punto con la mente. Siente cómo tu abdomen crece y se encoge al inhalar y exhalar.
Repite mantras: Te ayudarán a concentrarte. Los mantras son instrumentos de vibraciones de la mente, sonidos que, al repetirlos, te permiten llegar a un estado más profundo de meditación (A medida que logres un grado de conciencia más profundo, puedes dejar de repetirlos).


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