Hace unos diez días el secretario de Educación Pública de nuestro país adelantó que la dependencia a su cargo trabaja en un programa destinado a la “reconcentración de escuelas”. De acuerdo con su dicho, se buscaría que alrededor de tres millones de alumnos de educación básica dejen de acudir a las pequeñas escuelas que están en su comunidad y se trasladen a estudiar a escuelas con mejor infraestructura y condiciones más adecuadas para aprender.
Este programa estaría siendo presentado a inicios del próximo año y habrá que esperar hasta que sea oficial para conocer sus detalles, sin embargo es válido reflexionar un poco al respecto de la lógica que esto encierra y las condiciones en que tendría que desarrollarse, para así atisbar su potencial resultado.
En México, de acuerdo con la información del INEGI, para inicios de esta década existían unas 195 mil localidades, donde viven unos 25 millones de mexicanos, con un promedio de 126 personas por localidad. La característica de estos asentamientos es la dispersión y la pobreza: hay un gran número de “microlocalidades” aisladas y marginadas que tienen su contraparte en las grandes zonas metropolitanas.
Por otro lado, según las cifras de la SEP, de las casi 200 mil escuelas de educación básica que hay en territorio nacional, la mitad atiende a “sólo 14 por ciento de la matrícula escolar, en localidades dispersas, con los peores resultados y la menor inversión”. Salta a la vista, pues, que hoy existiría una escuela por cada dos de esas “microlocalidades” con menos de 200 habitantes. Así como la característica de esas comunidades es la pobreza, los planteles educativos que ahí existen lo hacen en las condiciones más adversas: muchas de ellas son escuelas multigrado, con muchas carencias materiales y con casi nulos servicios.
La nueva estrategia que ahora se adelanta se basaría en una fórmula: tener menos escuelas para brindar mejor educación. ¿Cómo? La estrategia consistiría en hacer que los alumnos de todas esas escuelas rurales, multigrado, indígenas, comunitarias, sumamente pobres, ahora acudan a estudiar a centros educativos ubicados en localidades más grandes (uno supondría que cabeceras municipales, ciudades intermedias e incluso zonas metropolitanas) Y aunque no se ha revelado el mecanismo para ello, resulta claro que se tendrían que desplazar de su comunidad de origen. La motivación principal –argumenta el Secretario- es que en las escuelas dispersas y marginadas del país se obtienen los peores resultados académicos y que ahí se reproduce en mayor medida el efecto de la desigualdad.
Así que la medida que se les ha ocurrido en la SEP no va en el sentido de mejorar esas escuelas, sino de desaparecerlas y concentrar a los niños en planteles de organización completa, con mejores condiciones materiales y pedagógicas para el aprendizaje. Desde luego, por ser tan incipiente la propuesta (insisto, hay que esperar los detalles) no aclara qué criterio se aplicaría para elegir las escuelas a desaparecer y las escuelas receptoras; porque, por ejemplo, entre las que se desaparecerían podrían estar las que brindan educación bilingüe, cambiando con ello radicalmente de modelo educativo.
También resulta evidente que han dejado de lado factores socioculturales tan importantes como la presencia de los niños en la vida familiar y comunitaria. No sé si se haya reflexionado en el hecho de los roles que los niños juegan en cada una de sus familias más allá de sus jornadas escolares y que, al no estar estudiando en su comunidad, sería casi imposible seguir realizando. ¿Se habrá considerado que ello podría motivar que muchos deserten por no ser compatibles las dinámicas familiares y comunitarias con las escolares en este nuevo modelo? ¿También se habrá reparado en que al cerrar esas escuelas se estaría desapareciendo el único espacio académico-cultural en miles de localidades, que muchas veces hace la veces de detonante de redes sociales y vida comunitaria?
Por el otro lado está el hecho de saber si las escuelas receptoras de esos cientos de miles de niños están por crecer o si sólo se formarán grupos más grandes a cargo de los mismos maestros. ¿Se tratará sólo de una medida para absorber el impacto del tremendo recorte presupuestal para la SEP?
Iniciando el próximo año, cuando se presente formalmente esta propuesta, habrá materia para seguir conversando, por ahora valga decir: estamos advertidos.


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