¿Menos violencia en México incomoda a EUA?

La reducción de la tasa de homicidios en México a niveles de 2009 evidencia el impacto de un cambio de estrategia en seguridad pública: menos confrontación armada y más inteligencia. Frente a estos resultados, resurgen presiones internas y externas para reactivar una guerra
enero 12, 2026

La cifra es contundente: la tasa de homicidios en México ha disminuido hasta niveles que no se veían desde el año 2009. Esto es producto de una tendencia que se generó con un cambio de enfoque en las políticas públicas en materia de seguridad, basado en la idea de menos confrontación. Sí, se trata básicamente de no armar una guerra sino de utilizar instrumentos distintos para interrumpir dinámicas delictivas, evitando con ello la violencia que cuesta la vida a miles de personas en el país.

La cifra a la que se debe poner atención es la siguiente: en el año 2025, la cifra de asesinatos en el país fue de 17.5 por cada 100 mil habitantes. Esto es a lo que se llama tasa de homicidio doloso y en esos niveles andábamos por allá del año 2009, en plena “guerra contra el narco”. La diferencia es que en aquellos tiempos la tendencia era claramente al alza, pues tan solo dos años antes estaba en 8.1. Fue precisamente la declaración de guerra contra el crimen organizado lo que elevaría esa cifra, en solo un sexenio (2006-2012), hasta 22 homicidios por cada 100 mil habitantes al año.

Pero ¿y esa guerra fue algo fortuito? Yo creo que no. Veamos los datos: con las cifras disponibles (al año 2024) se sabe que hasta un 70.5 % de las armas encontradas en escenas del crimen en México provenía de EUA. Todos sabemos de la magnitud del negocio de la guerra para el incómodo vecino del norte. Pero hay otro dato: a finales de 2005, el entonces presidente norteamericano, George W. Bush, promulgó la Ley de Protección del Comercio Lícito de Armas, lo que permitía que en todo su territorio se pudieran vender libremente rifles de asalto (cuya producción y venta había estado restringida durante una década a través de otra ley que se mantuvo vigente solo ese tiempo, mismo en el que las tasas de homicidio acá en México siempre estuvieron en un dígito).

Entonces, solo un año después de liberada la venta de armas de combate en EUA, llega Calderón a la presidencia de la República y “casualmente” declara una guerra contra el narco. Comenzaron a llegar centenares de miles de armas que venía del norte, cruzaban la frontera sin ningún problema y acá se aceleró la formación de grupos de combate —ya no solo traficantes de drogas— para hacer frente a las fuerzas federales. Esta dinámica fue la que hizo crecer el número de homicidios en 192 % durante ese sexenio trágico.

En el sexenio siguiente, la dinámica no cambió y la tasa llegó hasta 29.1 asesinatos por cada 100 mil habitantes. Esa es la cifra más alta en la historia de la nación. Luego empezó el sexenio de López Obrador y la tendencia al alza se detuvo precisamente con el cambio de actitud menos confrontativa. Empezó a bajar, aunque marginalmente, pero el presente Gobierno Federal la recibió en 25.4 y a diciembre del año pasado ya la había disminuido a 17.5, manteniendo ese nuevo enforque. Paralelamente, en estos 13 meses se han incautado más de 21 mil armas de fuego y detenido a más de 40 mil presuntos delincuentes y generadores de violencia. El problema es que al año ingresan en promedio 135 mil armas, precisamente del norte.

Frente a estas cifras, que sin duda son alentadoras para los mexicanos, sale el señor Trump a decir que “en México mandan los cárteles”. Se hacen eco de sus dichos personajes políticos de allá y de acá, parte de la prensa y mucha gente en las redes sociales, clamando todos ellos por emprender una ofensiva militar, empezar una nueva guerra contra el narco.

No sé si queda claro que, justo cuando una política no bélica arroja resultados, los interesados en el negocio de la guerra claman por intervenciones militares. Así como en el caso de Venezuela, clara y cínicamente, Trump dijo que invadió su territorio y derrocó a su presidente para poder explotar el petróleo. Hay que decir con claridad que él quiere que en México se actúe militarmente contra los “cárteles” quizá para reactivar el negocio de la guerra y vendernos sus armas —tanto a las fuerzas del Estado como a los delincuentes—, para que vuelva a fluir el dinero hacia allá, mientras acá corre la sangre.

Sí, a final de cuentas se trata de dinero, de millonarias ganancias que alimentan la economía de un imperio que no tiene interés alguno en la vida de las personas. Olvídese que Trump tenga una genuina preocupación por el consumo de drogas. No, lo que le interesa es el dinero; inclusive, si es para su familia, mejor. No olvidemos que Donal Trump Jr. es accionista de una empresa dedicada a la venta de armas. Empresarios como él son los que se benefician con que acá existan grupos delictivos que compren armas para diversificar sus actividades criminales, como secuestrar, extorsionar, controlar territorios y generar violencia.

Deberíamos haber aprendido ya que la guerra contra el narco no hace sino propiciar la generación de grupos criminales más grandes, mejor organizados, más armados y muy violentos, difíciles de controlar. Los datos disponibles al día de hoy hablan de que están dando resultados las labores de coordinación, inteligencia, investigación y operativos estratégicos. Después tienen que venir mejoras en los sistemas de procuración e impartición de justicia y tendrán que mantenerse las acciones preventivas, fortaleciendo las policías locales y reconstruyendo el tejido social. Pero la guerra, esa que deja millonarias ganancias para unos cuantos y dolor para millones, no puede ser el camino. A los negociantes de la muerte les incomoda que acá haya menos violencia homicida.

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