De Pueblo Mágico a Pueblo Trágico

Metepec no se está cayendo de golpe, se está deshilachando. El riesgo de perder el nombramiento de Pueblo Mágico no es casualidad: es resultado de decisiones, omisiones y una forma de gobernar.

abril 7, 2026

La pequeña que sí está haciendo la tarea

En un gabinete donde el tamaño suele confundirse con eficacia, la Secretaría de Desarrollo Económico del Estado de México, la más discreta en estructura y presupuesto, está entregando resultados medibles: más de 1,700 millones de dólares de inversión en el primer trimestre de 2026, con actores globales como Nestlé, Unilever, Mattel y Bajaj Auto apostando por el Edomex; no es entusiasmo, es cálculo. Detrás hay una operación silenciosa encabezada por Laura González Hernández, que ha entendido lo básico que muchos olvidan: la inversión no se seduce, se facilita. El acumulado de 6,373 millones de dólares desde 2023 confirma que no es un golpe aislado, sino una tendencia. En política económica, donde abundan discursos grandilocuentes y resultados mínimos, aquí ocurre lo contrario: poco ruido, dinero entrando y empleos generándose. Y eso, en este país, ya empieza a parecer una anomalía funcional.

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El año de las obras

A días de que arranque la conexión ferroviaria al AIFA, el mapa mexiquense empieza a llenarse de fierros y no de promesas: aeropuerto en operación, trenes que por fin avanzan, trolebuses en marcha y hospitales que pasan del render al concreto. El Edomex dejó de ser solo periferia logística y comenzó a jugar como nodo estratégico en movilidad y servicios, con proyectos como el tren al AIFA, El Insurgente hasta Observatorio y nuevas obras en el oriente que buscan corregir décadas de abandono. No es casual que el gobierno de Delfina Gómez Álvarez haya bautizado 2026 como el año de las obras: porque, por una vez, la narrativa sí tiene respaldo físico. Falta ver si la ejecución aguanta el ritmo, pero al menos el discurso ya no camina solo.

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De Pueblo Mágico a Pueblo Trágico

Metepec no se está cayendo de golpe; se está deshilachando en público, como esos suéteres finos que primero pierden un hilo y luego la forma. El distintivo de Pueblos Mágicos —ganado en 2012— hoy pende de lo que el gobierno municipal ha decidido no atender: inseguridad que espanta, ambulantaje que invade, fachadas que se cansan y una autoridad que administra discursos en lugar de espacios. La Secretaría de Turismo ya no compra la postal; exige orden, gestión y continuidad, justo lo que no aparece. Si se pierde la categoría, no será tragedia súbita, será diagnóstico confirmado: la administración de Fernando Flores Fernández resultó incompetente para lo básico y mediocre para lo estratégico. Y en lugar de corregir, el proyecto parece ser domesticar la sucesión, colocar a la esposa y llamar a eso estabilidad. La magia no se hereda, se cuida; cuando se gobierna como si fuera patrimonio, lo único que crece es el deterioro.

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El discreto que carga dinamita burocrática

Hay secretarios que hacen ruido para existir y otros que prefieren no estorbar; en ese segundo cajón está Carlos Maza Lara, titular de Desarrollo Urbano e Infraestructura, con formación militar y perfil técnico que lo aleja del político tradicional. Su batalla no es mediática, es estructural: permisos, usos de suelo y licencias, ese territorio donde históricamente se incuban las rentas de la corrupción. Con más de 145 evaluaciones de impacto estatal emitidas en 2025 y miles de millones de pesos en inversión facilitada, su trabajo no se anuncia, se ejecuta. El problema es otro: domar una burocracia que aprendió a cobrar por dejar pasar no es tarea de escritorio. Es una guerra lenta, sin aplausos, pero decisiva. Porque ahí, en la ventanilla, se define si el desarrollo es política pública… o negocio privado.

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El silencio de Isidro

Isidro Pastor Medrano reapareció en Facebook, pero no como personaje público, sino como cualquier fulano que entra a dar las gracias por su cumpleaños: 69 años, un mensaje breve, 254 “me gusta”, 113 comentarios y nada más. Ni postura, ni explicación, ni intento de volver al centro de la conversación. Solo eso. Y luego, otra vez el silencio. Después del susto y los meses guardado, parece haber entendido algo simple que a muchos les cuesta: a veces lo mejor es no hacerse notar. No por estrategia, no por cálculo sofisticado, sino por sentido común. Porque cuando el ruido ya te alcanzó, insistir en hablar suele empeorar las cosas. Así que ahí está, en su esquina digital, respondiendo como cualquier otro, sin aspavientos, sin protagonismo. Como si nada hubiera pasado. O como si supiera que, por ahora, lo único que toca… es quedarse quieto.

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