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Porque en política hay dos formas de medir la eficiencia: por resultados o por cheques. Y en Metepec, los cheques son puntuales
febrero 18, 2026

■ El club del millón
■ El blindaje cuesta
■ Cuesta, pero no los vale
■ Los tres chiflados
■ El curador

El club del millón

Resulta que en Metepec la austeridad es como el cilantro: se presume mucho, pero no siempre aparece en el plato. Mientras al ciudadano se le pide paciencia para los baches y comprensión para la inseguridad, el primer círculo del poder municipal practica un deporte de alto rendimiento: el salto anual al millón. Alcalde, secretario técnico, director de Administración, secretario del Ayuntamiento, asesores de confianza… todos instalados cómodamente en la zona VIP del presupuesto. Entre ellos se reparten casi 11 millones de pesos al año, es decir, cerca de un millón mensual para que el gobierno funcione… o al menos para que parezca que funciona. Porque en política hay dos formas de medir la eficiencia: por resultados o por cheques. Y en Metepec, los cheques son puntuales.

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El blindaje cuesta

Porque si algo no puede fallar cuando la nómina florece, es la narrativa. Y para eso está Comunicación Social: el departamento donde los baches se vuelven “modernización”, la inseguridad es “percepción” y los contratos son “inversión estratégica”. No es barato administrar la realidad. El círculo cercano al alcalde no solo gobierna; también explica por qué gobierna tan bien, aunque la calle opine otra cosa. El presupuesto no solo paga decisiones, paga relatos. Y en Metepec el relato tiene presupuesto de primer nivel, como corresponde a todo gobierno que entiende que la imagen no resuelve problemas… pero sí compra tiempo.

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Cuesta, pero no los vale

Cuatro años en el poder le han significado al alcalde más de cinco millones de pesos brutos en salario. Es el precio oficial del mando, nadie lo discute. Lo que sí se discute es el rendimiento. Porque un gobierno puede costar mucho y valer poco. Cuando la inseguridad persiste, los servicios fallan y la modernidad se queda en el boletín, el sueldo deja de ser remuneración y empieza a parecer indulgencia. Gobernar no es un premio; es una responsabilidad. Y en Metepec el costo está claro. El valor… ese sigue en evaluación.

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Los tres chiflados

En todo palacio hay jerarquías invisibles: el que abre la puerta, el que hace el café y el que sabe cuánto cuesta cada firma. En Metepec ese trío no actúa en blanco y negro, sino en nómina dorada. Secretario particular, secretario técnico y director de Administración: el guardián del acceso, el redactor del discurso y el hombre que mueve los números. Entre los tres superan con holgura los cuatro millones y medio de pesos anuales. En cualquier comedia clásica habría un personaje llamado Mr. Ten Per Cent; aquí basta revisar quién autoriza y quién cobra. Porque en política el poder no siempre grita: a veces solo firma… y suma.

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El curador

La pregunta es simple y no necesita adjetivos: ¿en qué asesora el socio convertido en consejero de confianza para justificar un salario cercano al millón anual? Su trayectoria empresarial es pública. Lo que intriga es la naturaleza de su aportación gubernamental. ¿Estrategia urbana? ¿Planeación administrativa? ¿O la delicada ciencia del mollete perfecto después de una sesión complicada de Cabildo? La sátira es inevitable; la pregunta es legítima. Cuando un asesor cobra cifras de primer nivel, el ciudadano tiene derecho a conocer el contenido de esa asesoría. Porque la amistad puede ser privada; el presupuesto nunca lo es.

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