Mole sin sabor

Luis Zamora Calzada                                                      El estruendo del balazo fue ensordecedor, de hecho lastimó los oídos. ¿A quién se le ocurre aventar una paloma?, me pregunté. Sentado de espaldas, a la entrada principal de La Cabaña del Cazador, no sabía qué pasaba, únicamente se escuchó el ruido, parecido al de una paloma, de esas que truenan en Navidad, muy fuerte por cierto. La respuesta a mi interrogante fue inmediata. Quien había disparado dijo: “¡éste es un asalto, hijos de la chingada, pongan todo lo que traigan de valor en la mesa, el que se mueva se lo carga la chingada de un
marzo 20, 2018

Luis Zamora Calzada                                                     

El estruendo del balazo fue ensordecedor, de hecho lastimó los oídos. ¿A quién se le ocurre aventar una paloma?, me pregunté. Sentado de espaldas, a la entrada principal de La Cabaña del Cazador, no sabía qué pasaba, únicamente se escuchó el ruido, parecido al de una paloma, de esas que truenan en Navidad, muy fuerte por cierto.

La respuesta a mi interrogante fue inmediata. Quien había disparado dijo: “¡éste es un asalto, hijos de la chingada, pongan todo lo que traigan de valor en la mesa, el que se mueva se lo carga la chingada de un plomazo!”.

En fracciones de segundos otro de los asaltantes llego hasta la mesa, ubicada a un lado de la cocina: “el reloj pendeja, el reloj”, le ordenó a la maestra Cuquita, quien pasmada se lo quitó de la mano y lo aventó a su bolsa, que tomó el ratero llevándose todo.

Miguel y quien esto escribe estábamos con las manos en alto, así lo había ordenado el de la entrada, conteniendo el aliento, esperando lo peor, uno no sabe cómo reaccionan esto malditos.

Los comensales de las mesas cercanas se veían pálidos, incluso unos tiraron sus carteras al piso, que recogió el asaltante en un segundo recorrido, al parecer es una reacción natural del asaltado, que conocen muy bien los maleantes.

“Todos pongan sus manos en las mesas, bajen la cabeza, el que la levante le meto un puto balazo”, dijo el asaltante; los tres obedecimos, al parecer todos los comensales hicieron lo mismo.

Se hizo un silencio, de esos que uno no sabe cuánto tardan, el olor a pólvora había invadido el lugar, las reacciones de quienes había ido a comer mole en la localidad de Palmillas, ese viernes 16 de marzo por la tarde, fueron diversas, hubo llantos, crisis nerviosas. “¿Por qué a mí?”, decía un señor entrado en años. “¿Ahora cómo voy a pagar?”, se llevaron lo poco que traía, comentaba otro.

 

“Era un iPhone 10, me lo acababan de regalar mis hijos”, decía una señora con lágrimas que empezaban a brotar de sus ojos.

En la mesa quedaron la molleja y el mole rojo y verde que habíamos pedido, los tamales calentitos ya no se antojaron, el impacto de los hechos les quitó el sabor. El hambre se fue.

Contradictoriamente, medio kilómetro adelante del negocio iniciaba el Operativo de Revisión que se implementó en Toluca ese día, policía estatal, federal, camionetas del ejército y tipos vestidos como “Rambo” paraban a todos los carros sospechosos, menos el de los asaltantes.

Este atraco seguramente no entrará en las estadísticas de la ciudad en que se ha convertido Toluca. Lamentable pero cierto: ¡ya no se puede salir ni a la esquina!

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