Este sábado 17 de mayo falleció Porfirio Remigio Rivera, a los 85 años. Originario de Metepec, Estado de México, fue uno de los ciclistas más importantes en la historia del deporte nacional. Nacido el 15 de septiembre de 1939, su fuerza, carácter combativo y profundo orgullo por su tierra natal le valieron el apodo de “El Indio de Acero”.
La noticia de su muerte fue confirmada por autoridades deportivas locales. “Nuestras más sinceras condolencias para toda la familia de uno de los metepequenses más destacados”, publicó el Instituto Municipal de Cultura Física y Deporte de Metepec en sus redes sociales.

Trayectoria internacional
Remigio alcanzó reconocimiento internacional al representar a México en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. Compitió en la prueba contrarreloj por equipos de 100 kilómetros junto a Adolfo Belmonte, Antonio Duque y Moisés López, donde lograron el lugar 17.
Su primera gran participación internacional ocurrió en 1962, durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Kingston, Jamaica, donde obtuvo la medalla de bronce en la competencia por equipos de ciclismo de ruta.

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Figura nacional
En el ámbito nacional, se consolidó como un ciclista de élite al ganar la Vuelta y Ruta de México en 1960 y la Vuelta de la Juventud Mexicana en 1964. Su estilo tenaz, resistencia física y personalidad directa lo convirtieron en una figura respetada dentro del ciclismo mexicano.
Legado y personalidad
Porfirio Remigio no solo dejó huella por sus triunfos deportivos, sino también por su carácter frontal y sin concesiones. Una de sus frases más recordadas —“Para mí que todos son ojetes”— sintetiza una personalidad que generó tanto admiración como controversia.
Hoy es recordado como un pionero que abrió camino a generaciones de ciclistas mexicanos en los escenarios más exigentes del deporte internacional. Su legado sigue vivo en la memoria colectiva del deporte mexiquense.

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