Alguna vez te has preguntado ¿quién te enseñó a ser mujer?, ¿qué es ser mujer? o bien ¿qué es hombre? y ¿quién les enseñó a los hombres lo qué es ser un hombre?… trata de responder estas preguntas y te darás cuenta de las diferencias existentes entre un sexo y otro, te darás cuenta de las diferencias tan marcadas que la cultura patriarcal ha impuesto a las mujeres a lo largo de la historia de la humanidad.
Todas y todos nosotros somos el resultado de la suma de experiencias que hemos tenido, la educación que recibimos y relaciones sociales que hemos construido a lo largo de nuestras vidas. La familia, la escuela y las diversas instituciones o clubes a los que pertenecemos -religiosos, deportivos, culturales, etc- son los agentes socializadores que nos forman, nos marcan cierto tipo de límites y nos imprimen un conjunto de valores y creencias.
Mediante el proceso de socialización se nos transmitió una serie de estereotipos de género, basados en el “deber ser” de mujeres y hombres; se nos dijo que el rosa era para las niñas que juegan con muñecas y a ser princesas y que el azul era para los niños que juegan a los carritos y que además no lloran.
Este tipo de estereotipos sexistas, fomentan y refuerzan la concepción de feminidad y masculinidad tradicional concebida a partir de determinadas características, cualidades, rasgos y atributos de las personas, considerando a las mujeres como el sexo débil, dependientes y subordinadas a los hombres que bajo este criterio, son considerados superiores, fuertes e independientes.
Y no creas que hablamos de las creencias de la sociedad patriarcal del siglo XVIII… el currículo oculto de dichas instituciones sigue reproduciendo enfoques, estereotipos y conductas sexistas que contribuyen a legitimar las desigualdades entre mujeres y hombres.
El problema va mucho más allá del rosa o el azul, se trata de los roles asignados por el sexo. A los hombres se les asignaba el rol de proveedor, de fuerte, de macho, el que debía salir a cazar, pelear, conquistar el mundo o trabajar, es decir, al ámbito público; mientras que a las mujeres se les reducía al ámbito privado, a las tareas domésticas, el cuidado de los otros –hijos, ancianos, enfermos, etc- y a la educación de los hijos. Las mujeres no tenían más opción que casarse y tener hijos o dedicarse a la vida religiosa, prácticamente eran invisibles porque no tenían derechos ni ante la ley, ni a sus finanzas; es decir, que las diferencias de sexo, se traducían en desigualdades sociales.
Poco a poco las mujeres fuimos conquistando libertades y derechos. Hoy en día podemos ir a la universidad, votar y ser votadas, decidir si queremos casarnos o sobre cuantos hijos tener o no tenerlos. Sin embargo, aún existen resabios culturales que no nos han permitido romper estereotipos de hace 200 o 500 años atrás. Existen rubros en los que se deben de eliminar barreras y romper con estereotipos de género.
Que quede claro, mujeres y hombres, somos diferentes físicamente, pero debemos somos iguales en derechos.
Creo que así como se educa para la paz y para el cuidado del medio ambiente, también se debe de educar para igualdad y el respeto, se debe de socializar la cultura de la igualdad de género y la importancia del empoderamiento de las mujeres.
Tu y yo, todas y todos debemos contribuir a la construcción de sociedades más igualitarias y equitativas entre mujeres y hombres; a la eliminación de la violencia contra las mujeres y sobre todo la paridad en los gobiernos; así como al incremento de la participación política de las mujeres en los cargos de elección popular y en los espacios de toma de decisiones públicas.
La lucha más importante no será en la plaza pública, en las redes sociales o en el imaginario colectivo, sino en nuestra propia mente. Te invito a que te sumes.
Espero tus comentarios.
@MichelQuiroz


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