Nadie encendía las lámparas

Tan sólo las palabras de Julio Cortázar (“Como todos nuestros grandes escritores, nos denuncia sin énfasis y a la vez nos alcanza una llave para abrir las puertas del futuro y salir al aire libre”), de Juan Carlos Onetti (“Felisberto nunca fue ni será escritor de mayorías”) y de Italo Calvino (“Felisberto Hernández es un escritor que no se parece a ninguno: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos, es un ‘irregular’ que escapa a cualquier clasificación y encuadramiento pero se presenta a primera vista como inconfundible”) me bastaron para que las habas se me cocieran
abril 13, 2019

Tan sólo las palabras de Julio Cortázar (“Como todos nuestros grandes escritores, nos denuncia sin énfasis y a la vez nos alcanza una llave para abrir las puertas del futuro y salir al aire libre”), de Juan Carlos Onetti (“Felisberto nunca fue ni será escritor de mayorías”) y de Italo Calvino (“Felisberto Hernández es un escritor que no se parece a ninguno: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos, es un ‘irregular’ que escapa a cualquier clasificación y encuadramiento pero se presenta a primera vista como inconfundible”) me bastaron para que las habas se me cocieran por leer a este uruguayo. Durante años busqué su obra, bastante onerosa, por cierto, hasta que llegó a mis manos “Nadie encendía las lámparas”.

Cada cuento de Felisberto es como adentrarse en un vasto paisaje onírico: la técnica empleada (asociación de ideas) va generando una bola de nieve que impide que despeguemos la mirada y la atención de la mancha tipográfica; las situaciones más comunes devienen impredecibles huracanes de imágenes y sensaciones que obligan a nuestras neuronas a trabajar forzudamente. Observen, nada más por no dejar, el siguiente fragmento: “(los objetos) adquirían alma a medida que entraban en relación con las personas. Algunos de ellos antes habían sido otros y habían tenido otra alma (…), pero su balcón había tenido alma por primera vez cuando ella empezó a vivir en él”.

Un referente casi exiliado de las letras universales, cuya obra es por demás atractiva y subyugante. Muy recomendable.

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