Fue la joya de la corona del panismo mexiquense. Hoy la gobierna Morena. En las dos elecciones anteriores, sus habitantes negaron la reelección a la alcaldesa en funciones. Isaac Montoya buscará cambiar esa historia en una ciudad que produce riqueza y exige resultados.

Naucalpan fue construida alrededor de una promesa: trabajar permitiría comprar una casa, educar a los hijos y vivir mejor. La industria atrajo empleo; el comercio hizo circular dinero; Ciudad Satélite dio forma visible al ascenso de la clase media. La promesa todavía explica buena parte del carácter del municipio. También permite entender su inconformidad cuando la ciudad deja de funcionar.

Satélite nunca fue todo Naucalpan. A su lado están los pueblos originarios, las colonias obreras, los barrios de comerciantes y los asentamientos levantados sobre cerros donde llevar agua, pavimentar y mantener servicios cuesta más. Una familia teme que se deteriore el valor de su vivienda; otra espera que el suministro de agua alcance para la semana. Ambas pierden tiempo en el tráfico, pero no tienen la misma capacidad para pagar una salida individual a los problemas públicos.

En 2027, Morena deberá defender el gobierno de una de las plazas más importantes del Estado de México. Isaac Montoya encabeza los escenarios internos de su partido. El PAN dispone de varias figuras conocidas; antiguos priistas buscan lugar en su órbita; Movimiento Ciudadano conserva votos que podrían pesar en una elección cerrada. La oposición tiene nombres y razones para competir. Falta saber si puede reunirlos detrás de una candidatura.

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Una ciudad que sabe producir riqueza

El Censo de 2020 contó 834,434 habitantes en Naucalpan. Los Censos Económicos registraron en 2023 33,102 establecimientos y 201,058 personas ocupadas. El municipio generó cerca de 115 mil millones de pesos de valor agregado censal bruto, equivalentes al 9.9% del total estatal. Ocupó el tercer lugar entre los municipios mexiquenses bajo ese indicador, después de Toluca y Cuautitlán Izcalli.

Ese dato mide el valor creado por las actividades captadas en el censo económico. No equivale al producto interno bruto municipal. Basta, sin embargo, para dimensionar lo que está en disputa: Naucalpan es una de las mayores concentraciones de actividad económica del estado.

Tiene seis parques industriales. A la manufactura farmacéutica y de bienes de consumo se suman el comercio mayorista, los autoservicios, la venta de automóviles, los restaurantes y los servicios educativos. Naucalpan produce, distribuye, vende y enseña. Además, comunica el poniente mexiquense con la Ciudad de México. Millones de decisiones cotidianas —dónde trabajar, estudiar, comprar o instalar una empresa— pasan por esta zona metropolitana.

La escuela ocupa un lugar particular en su historia. Para generaciones de familias fue el instrumento que haría posible vivir mejor que los padres. Esa expectativa da forma a una demanda política concreta: llegar a tiempo, caminar con seguridad, disponer de servicios cerca de casa y conservar el patrimonio construido con años de trabajo.

La riqueza no se distribuye por igual. En 2020, 37.7% de los habitantes vivía en pobreza moderada y 4.86% en pobreza extrema. Son cifras anteriores al gobierno actual; describen la estructura social del municipio. Ayudan a explicar por qué una ciudad llena de negocios puede tener, al mismo tiempo, hogares donde una enfermedad o la pérdida del empleo deshace rápidamente la estabilidad familiar.

Entre 2018 y 2023 creció el número de establecimientos, de 30,062 a 33,102, mientras el personal ocupado registrado en la comparación censal disminuyó. Atribuir el cambio a una sola causa requeriría estudiar cada sector. La tensión que deja a la vista sí es clara: más negocios no aseguran, por sí mismos, más oportunidades para quienes viven en Naucalpan.

La joya cambió de manos

Durante décadas, Naucalpan fue territorio del PRI. José Luis Durán Reveles ganó la alcaldía para el PAN en 1996 y abrió un largo ciclo panista. El municipio se convirtió en una pieza mayor del llamado corredor azul. El PRI volvió en 2009; el PAN recuperó el gobierno en 2015 con Edgar Olvera.

En 2018, Patricia Durán ganó para Morena. Angélica Moya devolvió la alcaldía al PAN en 2021. En 2024, Isaac Montoya la recuperó para Morena. Tres elecciones, tres cambios de partido.

Durán obtuvo 174,551 votos en 2018, frente a 156,722 de Alfredo Oropeza. Llegó a 2021 como presidenta municipal en funciones, buscó la reelección consecutiva y perdió. Moya ganó entonces la alcaldía; tres años más tarde, pidió otro periodo y fue derrotada por Montoya.

Las dos alcaldesas que han buscado recientemente la reelección consecutiva en Naucalpan perdieron. Eso no significa que el municipio nunca haya permitido la continuidad: el PAN lo gobernó durante varios periodos seguidos. Significa que, desde que sus gobernantes pudieron solicitar un segundo mandato inmediato, las dos solicitudes fueron rechazadas. Montoya enfrentará ese antecedente si decide competir otra vez.

En el cómputo inicial de 2024, la coalición encabezada por Montoya recibió 234,400 votos; la de Moya, 179,628. Movimiento Ciudadano, con Esther Tapia, obtuvo 29,900. El tribunal anuló posteriormente algunas casillas y recompuso las cifras sin cambiar al ganador. Montoya llegó con un margen amplio. Tendrá que defenderlo en una elección con otras condiciones y, quizá, otras alianzas.

Casi 700 mil electores

A enero de 2026, la lista nominal de Naucalpan registraba 690,037 electores. De ellos, 359,716 eran mujeres. Cerca de 102 mil tenían entre 18 y 24 años; casi 99 mil, 65 años o más. La lista cambiará antes de los comicios, pero deja ver la escala de la tarea: para ganar no basta recorrer las colonias donde un partido ya cuenta con simpatizantes.

Tampoco existe un solo «votante naucalpense». Hay propietarios que vigilan el mantenimiento de sus calles y el valor de sus casas; comerciantes que necesitan seguridad y reglas claras; trabajadores que pagan el tráfico con horas de vida; jóvenes que buscan empleo y adultos mayores para quienes una banqueta transitable determina si pueden salir de casa. Sus intereses se cruzan, aunque sus recursos sean diferentes.

La historia local impide repartir de antemano esos votos por clase social. Naucalpan votó por el PRI, fue emblema del PAN y eligió después a Morena. La clase media no pertenece naturalmente a un partido. Las colonias populares tampoco entregan su voto por costumbre.

Los 234 mil sufragios que recibió inicialmente Montoya en 2024 son una referencia de mayoría fuerte, no una cuota fija para ganar en 2027. Una oposición dividida podría permitir el triunfo con menos votos. Si dos bloques concentran la competencia y la participación se mantiene alta, harían falta tantos o más. La cifra dependerá de las alianzas, los candidatos y la asistencia a las urnas.

Encuestas que aún no cierran la elección

Las mediciones locales publicadas en septiembre ofrecen resultados contradictorios. MetaMetrics registró 38.4% para Morena y 28.7% para el PAN. GobernArte dio 37.9% y 21.9%, respectivamente. RUBRUM publicó el orden inverso: 38.6% para el PAN, 28.6% para Morena y 12.8% de indecisos.

Hay diferencias de método y de cuestionario. Además, preguntar por partidos antes de conocer las candidaturas y coaliciones deja fuera una parte decisiva de la elección. El resultado de una encuesta no puede convertirse en pronóstico mediante un promedio de cifras incompatibles.

Donde sí hay coincidencia es en la posición de Montoya dentro de Morena. Encabeza los escenarios internos publicados por las tres casas. Eso dice mucho sobre la posible definición morenista y bastante menos sobre cómo votará Naucalpan cuando tenga enfrente a una candidatura opositora concreta.

Las encuestas nacionales de grandes firmas sirven para leer el clima político del país. No miden la presidencia municipal de Naucalpan. Aquí la contienda tiene una historia, candidatos y relaciones de poder propios.

Montoya: el cargo ayuda y obliga

Montoya gobierna, es conocido y pertenece al partido que ganó con amplitud en 2024. Si Morena vuelve a postularlo, podrá presentar obras, decisiones y resultados. Sus rivales deberán competir contra un gobierno en ejercicio, no contra una promesa abstracta.

Esa ventaja lleva un examen permanente. El agua que falta, la calle que se inunda, la patrulla que no llega o el trayecto que se alarga serán discutidos como asuntos de su administración, incluso cuando alguna causa sea anterior o corresponda también a otra autoridad. Así funciona la responsabilidad política de quien pide continuar.

Al alcalde le conviene que la elección compare su gestión con los gobiernos que lo precedieron. A sus adversarios les conviene llevarla a las colonias donde el cambio prometido en 2024 todavía no se advierte. La disputa se resolverá menos en las declaraciones que en la experiencia acumulada de los vecinos.

El PAN tiene nombres; necesita una candidatura

Angélica Moya es la figura panista de mayor reconocimiento. Ganó en 2021 y perdió en 2024 al buscar la reelección. Encabeza escenarios internos recientes y conserva una base propia. También llegaría a una nueva campaña con su gestión anterior bajo examen. El PAN deberá decidir si su conocimiento público facilita sumar votos fuera del partido o devuelve la contienda al juicio que perdió hace dos años.

Alfredo Oropeza conoce una campaña municipal. En 2018 quedó a menos de 18 mil votos de Patricia Durán. RUBRUM lo situó en septiembre cerca de Moya dentro de su escenario panista. Tiene trayectoria local; su reto es demostrar cuánto permanece de aquella fuerza y qué ofrece a un electorado que ha cambiado tres veces de gobierno desde entonces.

David Parra viene del PRI y del sindicalismo municipal. Después de dejar el tricolor se incorporó al proceso territorial del PAN. Para Acción Nacional representa la posibilidad de ampliar sus redes; para Parra, la necesidad de probar que puede llevarlas consigo. Algunas mediciones todavía lo incluyen entre los perfiles priistas y otra ya lo coloca frente a los panistas. Su tránsito partidista es reciente; su peso electoral aún debe probarse.

Rubén Arenzana, “Ru Abogado”, ha ganado visibilidad mediante su actividad pública y la promoción de Ricardo Monreal. Su reunión reciente con el dirigente panista Anuar Azar, conocida por esta redacción, merece seguimiento político. No equivale a una candidatura acordada. Su principal desafío será demostrar arraigo y organización en Naucalpan más allá de la exposición que ha conseguido.

Mario Sandoval y Francisco Gárate figuran asimismo en las tareas territoriales del panismo. Importan para entender su proceso interno, aunque las mediciones conocidas permiten evaluar con mayor claridad a Moya, Oropeza y Parra.

La decisión tendrá una dimensión estatal. Anuar Azar dirige el PAN mexiquense y Enrique Vargas conserva influencia en el poniente. Pueden ayudar a construir un acuerdo. La competitividad de ese acuerdo dependerá de algo que ninguna dirigencia puede decretar: su capacidad para atraer votantes que no son panistas.

PRI y MC: la fuerza de los terceros

El PRI mantiene cuadros y relaciones locales. Elías Rescala, diputado por el distrito 32, cuenta con presencia institucional. Enrique Jacob, exalcalde, conserva una trayectoria conocida. Sus nombres importan para una negociación opositora; ninguno debe presentarse hoy como candidato definido. La salida de David Parra también obliga al partido a medir qué estructura conserva.

Movimiento Ciudadano parte de los casi 30 mil votos recibidos por Esther Tapia en 2024. Erick Beller Torres aparece como opción naranja en encuestas recientes. Juan José Olivas, quien disputó la definición morenista en el proceso anterior y después se alejó del partido, forma parte de los posibles reacomodos. Tapia tiene votos obtenidos en una elección; Beller, presencia en mediciones; Olivas, un antecedente de organización y conflicto político. No son atributos intercambiables.

Otros nombres permanecen en el mapa de influencia: Patricia Durán, Carlos Alberto Trujillo Anell, Karina Labastida e Israel Espíndola. Haber gobernado, ocupado una curul o participado en un proceso interno puede dar capacidad para apoyar, negociar o disputar una definición. Ninguna de esas condiciones convierte por sí sola a alguien en aspirante declarado.

También cuentan las organizaciones vecinales, los sindicatos y las agrupaciones empresariales. El Consejo Naucalpense Empresarial y de Negocios, Coparmex y ASECEM participan en la conversación pública sobre inversión y actividad económica. La pregunta periodística no es a cuál dirigente convertir en candidato por asociación, sino qué prioridades llevan ante el gobierno y qué compromisos obtienen de quienes buscan sucederlo.

La oferta que puede ganar

El presupuesto municipal de 2026 ronda los 6,950 millones de pesos. Su tamaño explica por qué tantas fuerzas quieren gobernar Naucalpan. También permite preguntar cuánto se destina al mantenimiento de redes de agua, drenaje y vialidades; qué resultados produce el gasto en seguridad y cuáles colonias siguen esperando inversión.

El agua y las lluvias exponen la edad de la infraestructura. El propio gobierno ha documentado sustitución de tuberías y trabajos de desazolve; cada temporada vuelve a poner a prueba puntos conocidos de Periférico Norte, Río Hondo y otras vialidades. La capacidad municipal se aprecia cuando una reparación resiste el siguiente aguacero.

Con la seguridad ocurre algo parecido. Los indicadores serán parte de la campaña, pero el habitante juzgará también si puede abrir su negocio, usar el transporte y regresar a casa con menos temor. Para la clase media, las fallas públicas implican gastos privados: protección, transporte alternativo, reparaciones, tiempo perdido. Para un hogar con menos ingresos, pueden volver imposible la rutina.

Una oferta seria para Naucalpan tendría que proteger la vida cotidiana y defender su capacidad de prosperar. Eso significa seguridad perceptible, agua, calles y drenaje que funcionen, traslados menos costosos, condiciones para trabajar e inversión donde el rezago es mayor. Cada aspirante tendrá que explicar prioridades y resultados posibles durante un trienio. Prometer la recuperación de la alcaldía sólo describe lo que desea un partido.

Montoya llega primero a la disputa. La oposición tiene suficientes figuras para hacerlo competir, pero todavía debe resolver a quién reúne y con qué proyecto. Naucalpan fue la joya del PAN y hoy es una plaza central para Morena. Sus electores ya han entregado el poder a ambos. También han demostrado que saben retirarlo.

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