Cuando está con papá no pregunta por mamá. Puede que al hacerse adulta pierda esa inteligencia emocional.
La de estar donde está sin mirar hacia atrás. La de darse completa a quien tiene al lado y no justificar jamás su “desconexión” de quien se queda. Desde los tres años sabe lo que es separarse de la gente a la que más quiere.
Por supuesto que ha llorado, la pena a veces se pasa llorando, pero ha tenido cada vez lo más importante, a papá o a mamá abrazándola hasta que se le pasa, hasta que llega la tranquilidad profunda de aceptar la realidad tal y como es.
De mirar a quien tiene al lado y no pedir una cosa distinta a la que es. Puede que cuando se haga adulta pierda esta sabiduría emocional, o no, puede que todos tengamos la capacidad de estar contentos aunque echemos de menos, la posibilidad de disfrutar de las circunstancias tal y como son. Nahla puede.
Y su mamá y su papá también. En esta historia, la de seis nunca pierde a nadie, siempre encuentra.


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