Octubre es un mes significativo para las mujeres, no solo recordamos la lucha contra el cáncer de mama que le quita la vida a miles de mujeres por año, sino que también conmemoramos el día 17, el momento en el que, como mujeres, se nos otorgó el derecho al voto (más no al ser votadas).
De cualquier forma no está por demás reflexionar el papel actual de la mujer y contribuir para que en la sociedad exista aquella igualdad anhelada que lograría consolidar una sociedad más democrática, justa, con pleno uso de sus derechos.
Toluca no es la excepción, las mujeres que habitamos esta capital corremos un gran riesgo, pues la violencia contra la mujer está tomando dimensiones alarmantes, que si no hacemos nada por frenarla va a repercutir, ya no solo en los menores de edad, sino también en los demás integrantes de la familia.
Del año 2010 al 2012 fueron asesinadas 40 mujeres según cifras de la sociedad civil organizada, aunque la Secretaría de Salud ha dado 396 consultas a mujeres por violencia física; a nivel nacional Toluca ocupa el lugar número 14 y en el Estado de México ocupa el tercer lugar en violencia feminicida.
A pesar de haber tenido en las dos últimas administraciones mujeres al frente de la Alcaldía, el trabajo en favor de la igualdad ha sido poco visible; en ambas administraciones no hubo un gabinete compartido entre hombres y mujeres, la lucha contra la violencia familiar se centralizó al Gobierno del Estado, alejándola del ámbito municipal, donde ocurren de manera cercana los casos; las pláticas de sensibilización se dan únicamente con las víctimas potenciales y no con los generadores de violencia; los feminicidios son minimizados, quitándoles a las víctimas su identidad y logrando así violencia institucional al no investigar de forma correcta, ni castigar a los responsables. La detección del cáncer de mama y cervicouterino se reduce a pláticas y campañas temporales, en lugar de la sensibilización sobre un estilo de vida preventivo de salud; la igualdad en la esfera pública se tuvo que realizar mediante una ley y no por competencia equitativa real.
En fin, la construcción de una sociedad igualitaria nos toca a todos, sin excepción alguna, súmate, los beneficios serán no solo para nosotros, sino para todos los integrantes de la misma.
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