El mecanismo que operó para precipitar la salida de Andrés Andrade de la Secretaría de Seguridad es el mismo que se ha encargado de colocar en la conversación pública el relevo de Paulina Moreno en la Secretaría de Finanzas. No son las mejores formas para hacer ajustes en el gabinete, porque parece más una intriga política que un ajuste administrativo.
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Cómo olvidar en estos momentos aquel incidente audio de alguna conversación telefónica del senador Higinio Martínez hablando pestes de Paulina y su desempeño. Nunca la quisieron allí. Se ha dicho que en buena medida el distanciamiento entre la gobernadora Delfina e Higinio inició a partir de que se negó a entregarle la Secretaría de Finanzas.
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De acuerdo con los números el desempeño de Paulina ha sido, si no brillante, sí aceptable. El manejo financiero estatal ha cambiado poco, continúa básicamente sobre los mismos rieles de la administración anterior. A la deuda pública no le han movido nada. Con la creación de la Oficialía Mayor le quitaron la presión del sistema de compras.
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La mayor debilidad de la secretaria de Finanzas no es técnica, parece que es su origen y, tal vez, alguna debilidad de carácter como la soberbia.
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Los ajustes en el equipo de trabajo deberían se oportunidad de oro para atraer talento al gabinete que buena falta le hace. Con el cierre de la administración del presidente López Obrador quedaron en la banca cuadros de primerísimo nivel que ayudarían mucho al cambio en el Estado de México.


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