Habla entonces de la pandemia, de las dificultades del gremio; confiesa que nunca dejó de trabajar, pero las funciones disminuyeron y hubo que bajar el costo del show. También, cuenta que cuando brinda shows en albergues u hospitales no recibe remuneración, pero se siente satisfecho de apoyar.
Aunque ni él ni su familia se han contagiado de covid, han sido tiempos difíciles. Aunque está vacunado él expresa que nunca sabe cuándo será su última función, por lo que sus presentaciones deben ser las mejores.
Frijolito ha trabajado en la televisión, en las plazas, en los cruceros, en los portales de Toluca. También ha ido a congresos: ser payaso, con lo bueno y lo malo, es su forma de vida. El show es el show y cuando se presenta ignora todos los problemas de la vida, así, las deudas, las preocupaciones y la inseguridad que se vive en la zona, y de la que también ha sido víctima, quedan fuera, expresa.
Después de que Pedro Peralta se coloca la nariz se convierte en otro, es Frijolito. Automáticamente su expresión corporal cambia, se mueve de manera distinta, le hace caras al espejo, habla de modo diferente. Entonces, sale un momento del cuarto y al volver está completamente ataviado como payaso; se pone una rizada peluca amarilla, con un pequeño sombrero, que complementa el vestuario; sonríe y se sube a la pequeña bicicleta que reposaba en el rincón.
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