Hacer reír para sobrevivir

Ser payaso en Toluca, la historia de Frijolito

Una vez caracterizado, Pedro se convierte en otro, en el que hace reír, el que entretiene: es Frijolíto Show. En San Pablo Autopan, Pedro Peralta Estrada nos recibe, está vestido de blanco y pródiga una amabilidad que nos conduce directamente a un cuarto dentro de su casa: muros rojos, un escritorio que sostiene un equipo de maquillaje, un espejo, pequeñas figuras de payasos y diplomas de participación; en el centro del escritorio un texto titulado: oración del payaso.

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Opuesta al escritorio hay una cortina amarilla, una caja para guardar los bártulos del oficio. El vestuario está colgado en la pared, lo mismo que fotografías con decenas de payasos juntos y en un rincón descansa una bicicleta pequeña.

Mientras inicia el ritual del maquillaje, que llevará poco más de una hora, Pedro nos cuenta su inicio en la profesión. Creció en una familia de siete hermanos con la ausencia de la figura paterna. Comenzó a pintarse desde los siete años, desde pequeño ayudaba en los camiones, barría debajo de los puestos del extinto mercado Juárez ––donde vendía su madre–– o ayudaba a las señoras a cargar sus bolsas a cambio de algunas monedas.

El punto de inflexión fue una vez que vio pasar y siguió a un payaso que se dirigía al el circo ubicado en los terrenos donde ahora hay un centro comercial; colarse por debajo de la carpa y establecer una conversación con él determinarían su deseo de convertirse en payaso.

El tiempo avanzaba mientras decidía ocupar como nariz un cascarón de huevo o un pedazo de plástico y en hacer bromas, se acercó a otros payasos, algunos le enseñaron cosas, otros le dijeron que se dedicara a otra cosa porque el oficio implicaba muchas cosas además de estudiar.

Más tarde comenzó a hacer rutinas en los autobuses y luego pasó a los cruceros, aprendió a hacer malabares con limones, trabajó con otros payasos. La invitación para presentarse en un jardín de niños lo inició en lo que hoy, luego de 25 años, es el negocio familiar y donde están involucrados sus cuatro hijos y su esposa.

Payaso Augusto

Mientras habla, Pedro se convierte, poco a poco, en Frijolito. La base blanca de su maquillaje va conformando lo que será, explica, un payaso Augusto, el más colorido, el que hace reír, el que más le gusta. Aunque, dependiendo de la ocasión, puede caracterizarse como un elegante Cara blanca o un melancólico Trampa vagabundo. Por ahora, los colores rojo y anaranjado se mezclan con el blanco de su rostro y empieza, con delineador negro, a configurar el feliz rostro.






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Habla entonces de la pandemia, de las dificultades del gremio; confiesa que nunca dejó de trabajar, pero las funciones disminuyeron y hubo que bajar el costo del show. También, cuenta que cuando brinda shows en albergues u hospitales no recibe remuneración, pero se siente satisfecho de apoyar.

Aunque ni él ni su familia se han contagiado de covid, han sido tiempos difíciles. Aunque está vacunado él expresa que nunca sabe cuándo será su última función, por lo que sus presentaciones deben ser las mejores.




Frijolito ha trabajado en la televisión, en las plazas, en los cruceros, en los portales de Toluca. También ha ido a congresos: ser payaso, con lo bueno y lo malo, es su forma de vida. El show es el show y cuando se presenta ignora todos los problemas de la vida, así, las deudas, las preocupaciones y la inseguridad que se vive en la zona, y de la que también ha sido víctima, quedan fuera, expresa.

Después de que Pedro Peralta se coloca la nariz se convierte en otro, es Frijolito. Automáticamente su expresión corporal cambia, se mueve de manera distinta, le hace caras al espejo, habla de modo diferente. Entonces, sale un momento del cuarto y al volver está completamente ataviado como payaso; se pone una rizada peluca amarilla, con un pequeño sombrero, que complementa el vestuario; sonríe y se sube a la pequeña bicicleta que reposaba en el rincón.

Un paseo por mitad de la calle convoca a los niños vecinos, cuenta entonces que es organizador de las misas del Día del Payaso; celebrado el 10 de diciembre en México.






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  • Explica que en la entidad hay alrededor de 500 payasos que, en ocasiones, hacen peticiones a los diputados para recibir alguna despensa.
  • Cuando la cámara se le acerca sonríe o levanta el pulgar, luego habla de que todas las personas son iguales, de la importancia de la humildad en el oficio, de que ahora es jurado en los congresos, del código que deben seguir los payasos en virtud de que trabajan con niños y ellos aprenden rápido.El tiempo de conversación termina y durante la despedida, un hombre que pasa en un auto saluda y grita por la ventanilla: ¡No me diste tu autógrafo! Frijolito responde al saludo y remata: ¡A la próxima, carnal!