Peña juega golf en Ixtapan

Peña vuelve como quien entra a una casa que nunca dejó, protegido por un sistema que metaboliza a sus expresidentes igual que un organismo resignado metaboliza el veneno
diciembre 9, 2025

Escucha el Se dice que aquí…

  • El regreso sin pudor de Peña,
  • Azucena y la tentación del sprint,
  • Los señores del agua,
  • La aprobación silenciosa de Delfina,
  • Ocoyoacac y el costo del mal gobierno.

Enrique Peña Nieto caminando hacia un podio, con un fondo que muestra los colores de la bandera de México, en un ambiente formal.

Lo que revela su regreso

Enrique Peña Nieto regresó porque quiso y porque puede, así de simple, así de pedagógico, para un país que suele complicarlo todo menos la impunidad. Y su retorno ocurrió con la misma solemnidad que un comercial de detergente, porque ningún impedimento legal lo retenía. La Fiscalía miró al techo, el gobierno ensayó su mejor gesto de indiferencia y la sociedad lo recibió con un bostezo digital que confirma que nuestra memoria nacional es un mueble viejo al que ya nadie da mantenimiento. Lo simbólico es lo que corta: Peña vuelve como quien entra a una casa que nunca dejó, protegido por un sistema que metaboliza a sus expresidentes igual que un organismo resignado metaboliza el veneno; y su aparición discreta basta para recordar que aquí los fantasmas no regresan, simplemente reaparecen cuando quieren. Lo inquietante no es verlo, sino notar la serenidad con que el país lo absorbe, señal de que nuestra idea de justicia tiene la agilidad de una estatua mojada y, mientras unos aplauden, otros callan y muchos miran hacia otro lado. Queda la sospecha de que Peña no volvió para saludar, sino para medir cuánta de su vieja estructura sigue en pie, dejando abierta la pregunta que todos sienten, pero nadie se atreve a formular.


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Infografía sobre el informe de Azucena Cisneros en Ecatepec, con su discurso en un podio y un fondo que destaca el tema del evento.

Azucena y la tentación del sprint

El informe de Azucena Cisneros en Ecatepec pareció menos un acto municipal y más una escena propia de una gobernadora en campaña perpetua, con sus veinte mil asistentes, su producción de estadio y esa energía que solo aparece cuando alguien decide jugar en una pista más grande que su cargo, porque Azucena corre como sprinter y su biografía lo confirma: pasó del periodismo a la operación política, de la diputación al recinto directivo y, finalmente, al municipio más indomable del país sin pausa, sin respiro y sin la sospecha de que esta carrera exige pulmones de maratonista. Sus resultados no son malos, incluso muestran orden y voluntad, pero la velocidad con que convierte cada cargo en trampolín despierta la pregunta de si entiende que Ecatepec impulsa, sí, pero también cobra peaje, y que el poder estatal es menos explosión y más resistencia, porque la trama mexiquense suele premiar a quienes saben dosificar la marcha, no a quienes queman la pista en el primer kilómetro. Mientras el público corea, los operadores toman nota, porque en política el sprint deslumbra, pero solo el fondo perdura, y allí quizá se juega la parte del cuento que nadie quiere narrar.


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Imagen con dos hombres en primer plano, con fondo oscuro, acompañada del título 'LOS SEÑORES DEL AGUA' y un resumen sobre la exposición de la situación del agua en el Estado de México.

Los señores del agua

Ahora que los acaparadores quedaron al descubierto, el mapa del Estado de México exhibe dos vergüenzas que ya todos conocían pero nadie decía en voz alta: Ricardo Salinas Pliego regando los jardines de su hacienda en Jalmolonga mientras miles de vecinos cargan cubetas vacías, e Ixtapan de la Sal, donde la familia San Román, en especial Ricardo, vive en un oasis permanente aunque el municipio entero amanezca seco; porque aquí el agua escasea en todas partes menos en su club de golf, en su balneario y en las pipas que le venden al propio municipio como si fueran una dádiva y no un saqueo con recibo. Lo obsceno no es solo la apropiación del recurso nacional, sino la naturalidad con que esos pequeños virreinatos hídricos operan frente a gobiernos que observan sin intervenir —quizá porque enfrentar a millonarios nunca ha sido una vocación institucional— y el resultado es un Edomex donde el derecho humano se administra como privilegio privado, dejando la sospecha de que el agua corre donde manda el dinero y se seca donde manda el olvido, y esa asimetría, tan vieja como impune, apenas comienza a contarse.


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Retrato de Delfina Gómez sonriendo, con un fondo en tonos rojos y el texto destacando su aprobación cercana al 70% en el Edomex.

La aprobación que crece en silencio

Delfina Gómez cierra el año cerca del 70 % de aprobación, según la medición más reciente de FactoMétrica, y el dato no sorprende a nadie que entienda que en el Edomex la sobriedad vale más que los fuegos artificiales, porque la gobernadora ha construido una narrativa de orden, cercanía y trabajo sin estridencias que contrasta brutalmente con el desastre municipal que la rodea. Esa comparación es su mejor campaña: la gente percibe que no roba, no grita y no estorba; en un estado con memoria cansada, eso basta para consolidar legitimidad, mientras la operación política de Horacio Duarte mantiene al gobierno sin fisuras visibles y convierte cada acción en mensaje de estabilidad. El crecimiento no se debe a grandes obras ni promesas rimbombantes, sino a la sensación de que por fin el gobierno dejó de pelear consigo mismo, y ese alivio se traduce en respaldo sostenido. Lo más revelador es que Delfina sube no por carisma, sino por decencia —un activo escaso en estas tierras— y el dato plantea una pregunta discreta pero inevitable: si la aprobación crece con silencio, ¿qué podría ocurrir cuando el Gobierno decida hablar más fuerte?

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Una mujer sonriente con gafas y cabello largo, de pie frente a un micrófono, presenta un discurso con un fondo que incluye su nombre y un logotipo relacionado con su cargo municipal.

Cuando el respaldo no alcanza

El gobierno de Nancy Valdez en Ocoyoacac es la prueba dolorosa de que no todo lo que la alianza impulsa termina bien, porque aquí no se gobierna, se sobrevive. Y la presidenta municipal, sostenida por la inercia más que por un proyecto, ha convertido el municipio en un laboratorio involuntario de lo que ocurre cuando la legitimidad prestada sustituye a la capacidad real; la gente siente que todo sigue igual o peor, que los problemas no se resuelven y que la administración navega sin brújula, y esa percepción, tan extendida como silenciosa, explica por qué este es uno de los municipios con mayor probabilidad de voto de castigo en 2027, donde el Verde pagará la factura por haber confiado más en el arrastre que en el talento. El costo será alto si Morena no corrige la selección de perfiles y deja de confundir alianza con cheque en blanco, porque el próximo año exigirán candidatos que sepan gobernar y no solo ganar. La gran pregunta —que nadie formula en voz alta— es si las dirigencias entenderán que el pragmatismo sin filtros solo funciona una vez y nunca dos.

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