- La deshumanización del Infoem
- Delfina, el poder de estar
- Billete no compra liderazgo
- Tiembla, Iraí Poblete y la inercia del cargo
La deshumanización del Infoem
Llamar “capital humano” a las personas facilita tratarlas como un recurso que se utiliza y se descarta. La desaparición del Infoem deja esa discusión sobre la mesa: trabajadores que cumplieron hasta la entrega-recepción denuncian que nadie les explicó quién pagará sus liquidaciones o finiquitos, cómo se calcularán ni cuándo cobrarán. La institución cerró; sus necesidades siguen abiertas. Sólo la alta burocracia parece tranquila, mientras quienes dependían de ese ingreso llevan a casa la incertidumbre. Una reforma administrativa también se juzga por el trato que reciben las personas a las que afecta. Dejarlas sin respuestas revela una jerarquía incómoda: los acuerdos del poder merecen atención; la angustia de los trabajadores puede esperar. El gobierno y el Congreso deben darles certeza, con responsables y fechas, sin obligarlos a peregrinar entre oficinas para averiguar quién se hará cargo. Para un gobierno que se reivindica de izquierda, proteger sus derechos tendría que ser una prioridad. El humanismo resulta muy cómodo cuando sólo se ejerce en los discursos.
Delfina, el poder de estar
Delfina Gómez es hoy la figura política con mayor poder de convocatoria en el Estado de México, entre mujeres y hombres. Su recorrido por las regiones para informar sobre la marcha del gobierno permite entender una parte de esa fuerza: sostiene el contacto con la gente y lleva el acto republicano de rendir cuentas fuera de la capital. En una entidad tan extensa y desigual, la presencia importa; también importa que los ciudadanos puedan reconocer en quien gobierna una experiencia cercana a la suya. Desde luego, detrás de las concentraciones hay recursos, estructura y organización oficial, pero reducir su convocatoria al aparato gubernamental impediría comprender el vínculo político que ha construido. La gira fortalece su liderazgo y mantiene a los demás actores en una posición secundaria: ninguno dispone de una relación semejante con el conjunto del territorio mexiquense. Esa ventaja también obliga. Informar debe permitir el reclamo, la pregunta y la respuesta, porque el sentido republicano del encuentro se pierde cuando sólo queda espacio para el aplauso. La gobernadora tiene una capacidad de movilización que sus adversarios no pueden ignorar y que su propio gobierno debe corresponder con atención y resultados.
Billete no compra liderazgo
El dinero facilita entrar en la política, pero no resuelve cómo conectar con los ciudadanos. Pepe Monroy, integrante de la familia propietaria de La Moderna, ha dispuesto de recursos, relaciones y sucesivas oportunidades sin conseguir un liderazgo a la altura de esas ventajas. Fue regidor del PRI en Toluca, pasó al Verde y perdió la elección de diputado local en 2018; después llevó sus aspiraciones a Morelos y Quintana Roo, donde el MAS, bajo su conducción, no alcanzó el mínimo de votación requerido en 2024. Ahora vuelve al Estado de México con PAZ. ¿Por qué no logra despegar? Su trayectoria permite una explicación: las dirigencias y los cambios de siglas han ocupado el lugar de un programa reconocible, capaz de expresar las necesidades de una comunidad y convocarla alrededor de una causa. Se sabe en qué partidos ha estado; cuesta más identificar qué propuesta sostiene a través de todos ellos. La continuidad de su carrera personal no ha producido una continuidad política que los electores puedan reconocer. PAZ le ofrece otra oportunidad en su tierra. Para aprovecharla tendrá que explicar qué quiere transformar y por qué alguien habría de seguirlo. La fortuna familiar puede financiar una estructura; darle sentido exige bastante más.
Tiembla, Iraí
Ana Lilia Herrera puede complicarle al PAN la sucesión en Metepec. La exalcaldesa, exsenadora, expresidenta del PRI y varios etcéteras más está en la competencia: explora opciones y entre las posibilidades aparece una candidatura de la alianza de izquierda, siglada por el PT, o una por Movimiento Ciudadano. En cualquiera de las dos rutas sería competitiva. Tiene conocimiento del municipio, relaciones políticas y un nombre que no necesita presentación. El rosario de cargos tampoco la exime de explicar qué quiere hacer ahora y por qué los electores tendrían que confiarle otra vez el gobierno municipal. Pero sería un error darla por amortizada: una cosa es el desgaste del PRI y otra el capital político que ella pueda conservar. Su eventual llegada por el PT obligaría a negociar con los grupos de Morena; por MC abriría un frente capaz de atraer inconformes de distintas procedencias. Iraí Albarrán, la potencial candidata del PAN, tendría enfrente a una adversaria con oficio, experiencia y capacidad para disputar el voto más allá de una sola marca partidista. Los acuerdos del grupo gobernante pueden facilitarle la candidatura a Iraí; no le resuelven la elección. Ana Lilia tiene muchos “ex”, pero todavía no es expolítica.
Poblete y la inercia del cargo
La permanencia de Norberto Morales Poblete plantea una pregunta sobre el gabinete: cuánto pesa el desempeño y cuánto el acuerdo entre los partidos de la coalición. Después de tres años, el secretario del Trabajo sigue sin distinguirse en un área que tendría que ser central para un gobierno de izquierda. La defensa de los derechos laborales, la atención a quienes buscan empleo y la eficacia de los apoyos merecen algo más que una sucesión de convenios y ceremonias. No toda mejora del empleo es mérito de la Secretaría, como tampoco todo rezago es responsabilidad suya; por eso hace falta reconocer qué resultados corresponden a su intervención. La propia dependencia ha admitido problemas en la utilización de apoyos y anunciado mayores controles, lo que obliga a revisar cómo se entregaron y qué seguimiento tuvieron. Poblete debería estar entre los primeros funcionarios sujetos a una evaluación para el relevo. Su procedencia del PT no basta para justificar que continúe: participar en la coalición no concede la propiedad de una secretaría. La gobernadora tiene autoridad para ajustar su equipo. Si el equilibrio partidista termina pesando más que el desempeño, quienes pagarán el costo serán los trabajadores.


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