Solovino, el perro gasolinero que conquista corazones en Toluca

En Toluca, donde se estima que cerca de 196 000 perros viven en situación de calle, Solovino llegó hace un mes a una gasolinera ubicada en Pino Suárez. Sin dueño ni rumbo claro, trabajadores lo adoptaron de forma colectiva
febrero 6, 2026

En una estación de servicio ubicada en el cruce de Pino Suárez y Paseo Tollocan, el movimiento constante de automovilistas convive con una escena poco habitual. Entre el ruido de las bombas y el tránsito continuo, el perro Solovino descansa, observa y recibe caricias.

No llegó acompañado y nadie preguntó por él, pero hace aproximadamente un mes decidió quedarse y el lugar terminó por adoptarlo.

Rosa Valeria, trabajadora de la estación conocida como Súper Servicio a Toluca, o “La Jet”, relata que el perrito apareció un día sin que se supiera si estaba perdido o había sido abandonado.

Desde entonces, comenzó a permanecer en la gasolinera, siempre tranquilo y sociable, hasta que los despachadores empezaron a alimentarlo y a brindarle cuidados básicos.

Adopción colectiva entre bombas de gasolina

Con el paso de los días, la decisión fue compartida. Los trabajadores asumieron su cuidado con el aval de los encargados del lugar.

Hoy, Solovino duerme ahí mismo, tiene una casita, recibe baños frecuentes y ya fue llevado al veterinario para atender los malestares propios de su edad. El medicamento que necesitaba también forma parte de su rutina.

La historia pronto trascendió al personal. Clientes habituales comenzaron a llevarle croquetas, premios y accesorios.

En días recientes, incluso han llegado personas que lo conocieron a través de redes sociales y acudieron expresamente a verlo. Algunos regresaron minutos después con alimento, otros simplemente para saludarlo y tomarse una fotografía.

Toluca y los perros en situación de calle

El caso de Solovino ocurre en una ciudad con una alta población canina sin hogar. De acuerdo con estimaciones del propio municipio y organizaciones de protección animal, en Toluca hay alrededor de 280 000 perros, de los cuales cerca de 70 % —aproximadamente 196 000— se encuentran en situación de calle, una de las cifras más altas del Estado de México.

Este contexto contrasta con la historia del perro gasolinero. Mientras miles de animales sobreviven en el abandono, Solovino encontró un espacio donde quedarse, cuidados constantes y una red informal de personas que se hicieron responsables de él.

Parte del paisaje urbano

Solovino pasa gran parte del día recostado cerca de las bombas, con un pequeño uniforme que lo protege del frío. No interrumpe el trabajo ni se altera con el ruido. Observa, se deja querer y vuelve a su sitio, como si entendiera que ese espacio también le pertenece.

A un mes de haber llegado solo, el perro gasolinero se volvió parte del paisaje urbano de Toluca.

Su historia, en medio de una problemática persistente de abandono animal, muestra cómo la adopción colectiva todavía encuentra espacio entre el concreto, el tránsito y la rutina diaria de la ciudad.

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