Si algunos personajes del delmacismo y el eruvielismo son llamados a cuentas, no pueden faltar el exsubsecretario de Administración, Víctor Curioca, el excoordinador administrativo del ISEM, Hiroshi Gorozpe Tanamachi, la exdirectora de Recursos Materiales, Cinthya Casillas Cruz, el excoordinador de Imagen, Carlos Aguilar y, por supuesto, el exsecretario de Finanzas y de Infraestructura, Erasto Martínez, entre otros muchos.
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Ellos y muchos otros más se hicieron multimillonarios de la noche a la mañana. Curioca, por ejemplo, controló a su antojo durante todo el sexenio anterior el sistema de compras del gobierno estatal. Hoy, es un hombre joven, inmensamente rico, que no podría justificar su abrumador patrimonio a la luz de sus ingresos como funcionario público. Gastó miles de millones de pesos sin supervisión alguna, entregando decenas, quizá cientos, de contratos opacos, por decirlo suavecito.
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Otro que también se enriqueció a manos llenas fue Hiroshi Gorozpe Tanamachi, operador por antonomasia de las compras opacas en los gobiernos de Eruviel y de Del Mazo. Fue durante mucho tiempo la mano derecha de Erasto Martínez como director de Recursos Materiales. A él correspondía cerrar los negocios que le ordenaba el entonces secretario de Finanzas. En el gobierno del Alfredo del Mazo fue el brazo ejecutor en asuntos delicados de Víctor Cuiroca, su firma está estampada en los contratos más escandalosos.
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La corrupción de Carlos Aguilar —el muchachito de Eruviel—, está ampliamente documentada. Símbolos de su apetito por el dinero mal habido son su finca y restaurante en Malinalco, con un valor en el mercado de aproximadamente 28 millones de pesos. Carlos llegó al gobierno estatal con muy poco y salió brutalmente rico.
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Luis David Fernández Araya, el «Subsecretario de Hierro«, como gusta que le llamen, conoció muy bien, en su calidad de Contralor Interno de la Secretaría de Desarrollo Económico, cómo funcionaba el gobierno anterior y dónde estaban los agujeros negros de la corrupción y el abuso. Antes de presentar las denuncias penales en la Fiscalía, por supuesto que informó y pidió la autorización a la gobernadora Delfina Gómez. Por cierto, Fernández Araya trabajó también en el gobierno federal durante la presidencia de Enrique Peña, lo hizo como director de los Talleres Gráficos de la Nación.

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