El nuevo plan integral contra inundaciones anunciado por la Conagua para el oriente del Valle de México llega a una zona donde el problema ya tenía antecedentes. Nezahualcóyotl, La Paz y Chalco han enfrentado afectaciones recurrentes durante la temporada de lluvias, en un contexto donde la basura ha sido señalada como una de las causas, pero no como el único factor detrás de las anegaciones.
Cambios para evitar afectaciones
La estrategia contempla ampliar la capacidad de la Laguna El Salado, intervenir los colectores Teotongo, Los Pinos y Carmelo Pérez, modernizar el cárcamo de bombeo Bordo de Xochiaca, ampliar el alcance de la Laguna de Churubusco y dar continuidad al colector de Chalco. Según lo expuesto por Conagua, las obras se realizan en puntos con inundaciones recurrentes o afectados por eventos climatológicos extremos.
De acuerdo con la información difundida, la Laguna El Salado pasará de 300 mil a 400 mil metros cúbicos de capacidad. El colector Teotongo aumentará 4 mil litros por segundo; Los Pinos, 3 mil litros por segundo; Carmelo Pérez, 20 mil litros por segundo, y el cárcamo Bordo de Xochiaca operará con una capacidad de 16 mil litros por segundo.
Obras no serían suficientes
El anuncio fue presentado como una medida preventiva antes de la temporada de lluvias. Sin embargo, varias de las intervenciones están ubicadas en zonas donde las inundaciones ya habían exhibido fallas acumuladas en el sistema de drenaje, retrasos en infraestructura y afectaciones sociales por obras hidráulicas que no han cerrado del todo.
La propia Conagua reconoció que todavía podrían mantenerse afectaciones en algunos puntos, aunque con una respuesta más rápida. Ese matiz cambia el alcance del mensaje: el plan no elimina por completo el riesgo, sino que busca reducir tiempos de anegación y mejorar el desalojo del agua.

Chalco bajo el agua
En 2024, colonias del municipio de Chalco permanecieron bajo aguas negras durante semanas, con viviendas afectadas, problemas de movilidad y reclamos vecinales por la falta de una solución inmediata. En ese momento, las autoridades señalaron la presencia de tapones de basura en el Colector Solidaridad como una de las causas de la emergencia.
Pero ese mismo antecedente mostró que el problema no se agotaba en la acumulación de residuos. También se documentaron hundimientos, contrapendientes, colapsos en tramos del colector y una infraestructura con capacidad insuficiente frente al crecimiento urbano de la zona.
La basura sí afecta el funcionamiento del drenaje. Obstruye coladeras, canales, cárcamos y colectores, y reduce la capacidad de conducción del agua durante lluvias intensas. Por eso ha sido uno de los puntos más repetidos por autoridades estatales y municipales en sus llamados preventivos.
Un problema más grande
El contenido del plan muestra que el diagnóstico es más amplio. Si la respuesta pública incluye ampliación de colectores, rehabilitación de cárcamos, desazolve de ríos, mantenimiento de equipos de bombeo y obras de regulación, el problema no puede explicarse solo por el comportamiento ciudadano.
En mayo, la gobernadora Delfina Gómez volvió a colocar la basura como uno de los principales factores de riesgo durante la temporada de lluvias, luego de advertir sobre la situación de la Presa El Ángulo, en Cuautitlán Izcalli. El llamado se centró en evitar tirar residuos en calles, presas, alcantarillas y cuerpos de agua.
El señalamiento tiene base operativa, pero convive con los propios datos del sector hidráulico. El Atlas de Inundaciones 2026 de la CAEM documentó que durante la temporada de lluvias de 2025 se registraron 382 eventos: 285 encharcamientos, 92 inundaciones urbanas y cinco rurales, con afectaciones en 96 colonias de 41 municipios.
El mismo documento identifica que las zonas con mayor concentración de eventos se ubicaron en las cuencas del Valle de México y del Valle de Toluca, donde la densidad urbana, la saturación de los sistemas de drenaje y la acumulación de residuos sólidos agravan el impacto de las lluvias intensas.

Discurso vs realidad
Ese cruce es el que marca la diferencia entre el discurso preventivo y la realidad territorial. La basura aparece como un factor visible y recurrente, pero la saturación de drenajes y la necesidad de ampliar infraestructura muestran un rezago que no se resuelve únicamente con campañas de limpieza.
En Chalco y Valle de Chalco, la infraestructura planteada como solución también ha generado tensión social. Vecinos han denunciado daños en viviendas, cierres de vialidades, excavaciones abiertas y falta de respuesta en torno al Colector Solidaridad, una obra anunciada desde 2022 para reducir inundaciones en la zona.
La obra fue presentada con una inversión de 115 millones de pesos, un plazo estimado de seis meses y beneficio proyectado para más de 150 mil habitantes. Más de tres años después de su anuncio, el colector sigue asociado a reclamos por retrasos, afectaciones y frentes inconclusos.
Ese antecedente vuelve más complejo el nuevo anuncio federal. La continuidad del colector de Chalco aparece ahora como parte de un plan integral, pero en la práctica la obra ya había pasado por promesas, suspensión de trabajos, inconformidad vecinal y nuevas etapas de intervención.

Inversión millonaria en Chalco
La Conagua informó que en Chalco se completa una segunda fase de 1.8 kilómetros de macrotuneleo, con una inversión del orden de mil millones de pesos. También sostuvo que con ello quedará resuelta de manera definitiva la inundación que afectó durante décadas al municipio.
Esa afirmación tendrá su primera prueba en la próxima temporada de lluvias. En una región donde ya hubo obras anunciadas, inundaciones prolongadas y reclamos por intervenciones inconclusas, el resultado no dependerá solo de la capacidad proyectada, sino de su operación real.
En Nezahualcóyotl y La Paz, la intervención se concentra en infraestructura conectada con el Bordo de Xochiaca y la Laguna de Churubusco. En Chalco, el eje está en una obra que forma parte de un problema hidráulico arrastrado durante años y que, al mismo tiempo, ha abierto conflictos sociales en colonias afectadas por los trabajos.
El nuevo plan coloca dos planos en la misma discusión. Uno es el manejo de residuos que terminan en calles, coladeras, ríos y presas. El otro es el mantenimiento, ampliación, supervisión y conclusión de infraestructura hidráulica en una zona donde cada lluvia intensa vuelve a presionar el sistema de drenaje.La temporada de lluvias de 2026 permitirá medir si las obras reducen los tiempos de anegación, disminuyen las colonias afectadas y aceleran el bombeo del agua. También mostrará si el discurso sobre la basura se acompaña de una intervención suficiente en drenajes, colectores y cárcamos.


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