¿Por qué se apostó por la televisión?

Hoy, 17 de diciembre, se consuma el llamado “apagón analógico” en el territorio del Estado de México. A partir de este día dejarán de emitirse señales de televisión abierta con esa codificación y se dará paso a la señal digital. Se supone que en los siguientes días estará ocurriendo lo mismo en todas las regiones del país, hasta que el día último del mes no haya más señales de tipo analógico. El camino para esta transición ha estado lleno de confusiones, tropiezos, atrasos y, por supuesto, permeado de intereses comerciales y políticos. Lo que básicamente se podría tratar como un
diciembre 18, 2015

Hoy, 17 de diciembre, se consuma el llamado “apagón analógico” en el territorio del Estado de México. A partir de este día dejarán de emitirse señales de televisión abierta con esa codificación y se dará paso a la señal digital. Se supone que en los siguientes días estará ocurriendo lo mismo en todas las regiones del país, hasta que el día último del mes no haya más señales de tipo analógico.

El camino para esta transición ha estado lleno de confusiones, tropiezos, atrasos y, por supuesto, permeado de intereses comerciales y políticos. Lo que básicamente se podría tratar como un asunto técnico, consistente en cambiar el formato en el que se trasmite la señal de televisión -y que en otros países ha venido ocurriendo desde hace ya varios años (Europa y los Estados Unidos a la cabeza)-, es un buen pretexto para la reflexión, porque están implícitos varios elementos que no se deben perder de vista si se quiere entender la trascendencia del tema.

El primero y más importante, creo yo, es el que tiene que ver con la centralidad que la televisión tiene en la vida privada y pública del país. Y es que en México el 96% de la población tiene acceso a la información, el entretenimiento y la cultura básicamente a través de la televisión. Dada la condición de pobreza en que vive casi la mitad de los mexicanos, les resulta poco menos que imposible pagar por un espectáculo, comprar diariamente un periódico o revista y ya no digamos ir de viaje, acudir a un centro de diversiones o tener otro tipo de entretenimiento. Lo que les queda sólo es “ver la tele”. Así de sencillo. Precisamente por eso, el hacer una transición de lo analógico a lo digital, y con ello inutilizar millones de aparatos receptores, dejaría a millones sin ese referente central que llega a tener el estatus de la mayor posesión de una familia, un patrimonio.

El segundo elemento tiene que ver con lo que nos ha costado este proceso como país (vía recursos públicos) y los resultados que se pueden esperar. A diferencia de otras naciones que han realizado la transición y en las cuales se entregaron a la gente aparatos decodificadores para estar en condiciones de seguir recibiendo señal, en México se decidió entregar aparatos televisivos, lo cual significó un gasto superior a los 30 mil millones de pesos y muchas críticas, por el uso político que se dio a esa entrega en un año con elecciones federales. En total se terminarán de repartir este fin de semana 9.7 millones de pantallas a –se supone- las personas más pobres del país, para que no se queden sin ver la televisión.

El tercer elemento va más allá de nuestras fronteras: el mundo entero ha hecho ya una transición al mundo digital y ésta es la vía por la cual cada vez más personas se comunican, trabajan, estudian, hacen negocios o socializan. El que un medio de comunicación tan relevante como lo ha sido la televisión en la segunda mitad del siglo XX se incorpore a la era digital, no es para sorprenderse; lo que falta por conocer es el tiempo de vida que tendrá en el formato que conserva. Sabemos que la televisión ha ido perdiendo terreno frente a la internet, que con la posibilidad de seleccionar contenidos, producir los propios y acceder a una oferta más amplia, ha estado resultando mucho más atractiva a las nuevas generaciones, que ahora utilizan de manera masiva los dispositivos móviles para navegar. Sobre ese tema ya hemos escrito antes en este mismo espacio.

Entonces, el llamado “apagón analógico” consiste, básicamente, en que las televisoras cambien el formato de sus transmisiones, que utilicen la banda de 700 Mhz. y que por ahí puedan transmitir no sólo su programación habitual, sino muchos más contenidos. Quienes quieran tener acceso a ello podrán hacerlo a través de un aparato digital o vía un servicio de televisión de paga (cada vez con más presencia en el territorio del país).

Ahora, bien, se ha justificado la transición diciendo que se democratiza el acceso a la información y que se amplía el abanico de opciones (porque donde antes “cabía” sólo un canal ahora se pueden meter cinco), pero el problema sigue siendo que son sólo dos empresas, Televisa y TV Azteca, las que tienen cobertura nacional y controlan, incluso, los servicios de televisión de paga. Lo que se hizo al entregar las pantallas es garantizar la audiencia a esas empresas. En su momento, la Comisión Federal de Telecomunicaciones (cuyas funciones ahora han sido asumidas por el Instituto Federal de Telecomunicaciones)  presupuestó que costaba menos dar a todos los mexicanos acceso a servicios de banda ancha e internet a través de una red troncal de fibra óptica a construirse; se pensaba que costaría aproximadamente 10 mil millones de pesos. ¿No hubiera representado esa una verdadera forma de ampliar el acceso a la información y permitir que la gente explote las posibilidades de conectividad con el mundo. ¿Por qué se decidió apostar por la televisión? Responda usted.

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