Toluca, México; 9 de mayo de 2018. Superada la concepción de un sindicalismo centrado en una agenda y una chamarra, en conferencia de prensa, el Día del Trabajo, la directiva del Sindicato Unificado de Maestros y Académicos del Estado de México (SUMAEM), mostrando el nuevo perfil del magisterio, el que se construye desde la ley en diferentes municipios de nuestro estado, daba a conocer el crecimiento sostenido que presenta la organización gremial en toda la entidad.
Se informó a la sociedad que el gran eje concentrador es el Estado de derecho y su aplicación, teniendo como actor principal al docente afiliado, que cada día se da cuenta de la necesidad permanente de conocer la normatividad que rige su actuar y la de los participantes de su entorno inmediato.
Asimismo se dio a conocer que el mayor descubrimiento de los maestros sumaemistas radica en recocerse como trabajadores con derechos garantizados en todas las leyes en materia laboral estatal, nacional e internacional, visibles en la ley burocrática local, en las leyes federales del trabajo, en el articulado constitucional en la materia y en los convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Todo lo anterior sin dejar de lado lo inherente a la profesión, esa pasión por ser nuevamente el referente social de antaño, que requiere de lectura, capacitación, y actualización con una ocupación permanente hacia una docencia que conduzca al profesorado a la cultura pedagógica que hemos dejado de documentar.
En la otra cara de la moneda, desde otro sindicato, los empujones y jaloneos por una chamarra estaban a todo lo que daba, la exhibición visible en las redes sociales devaluaba más la imagen de los maestros; los nada educados repartidores de esas prendas el primero de mayo pasado, colocaban en el escenario una pobreza no propia de los maestros, quizá no estrictamente material, pero si en el terreno actitudinal y mental, para fortuna del magisterio, únicamente de unos cuantos.
¿Dónde quedaron aquellos que se dijeron maestros, ahora irreconocibles por considerarse de otro status magisterial? ¿Acaso dejar las aulas por otra responsabilidad cambia tanto a la gente? ¿Por qué maltratar a personas indefensas?
“Dale un poco de poder y verás quién es”, suele decir el pueblo. Lo tristemente notorio en esas escenas es la falta de identidad con quienes fueron alguna vez compañeros de profesión, tan maltratados y vejados por la ignorancia y prepotencia de los repartidores de chamarras.
“Pinches viejos jodidos”, se les escuchó decir, como si la juventud se tuviera de manera eterna o como si una comisión fuera para toda la vida. Lamentable el trato, dolorosa la falta de respeto a los maestros jubilados estatales, a quienes manifestamos nuestra solidaridad en aras de hacer valer la dignidad que todo maestro debe presentar en la sociedad, porque si bien es cierto que se jubilan, también es cierto que nunca dejan de ser maestros.
En grabaciones separadas, en otras imágenes de devaluación magisterial, un supervisor comisionado, canoso, violentamente arrebataba materiales a una maestra, incluyendo su celular.
“¡Mi teléfono, devuélveme mi teléfono, ratero!”, gritaba desesperada la maestra. El sujeto daba la impresión de que gozaba de la fechoría que cometía, un asalto a la luz pública que no debe quedar en la impunidad.
Los enfrentamientos en diferentes escenarios publicados ese día, muestran una gran inconformidad en el profesorado.
Por estas razones el trabajo del SUMAEM se hace cada día más indispensable en el magisterio.


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