Pozole, concesiones y otras farsas disfrazadas de progreso

Se inauguró una sucursal de Casa de Toño en Toluca… y hubo quienes lo festejaron como si estuviéramos estrenando un centro de innovación aeroespacial.
junio 7, 2025

La arquitectura también comunica

No todo está podrido en el edificio del poder. A veces, incluso la forma puede anunciar un fondo distinto. Las nuevas instalaciones de la Fiscalía General de Justicia en Toluca —a punto de inaugurarse— son una rara excepción que merece ser dicha sin ironía: modernas, funcionales, pensadas para el servicio, basadas en la tecnología y la transparencia. No se trata solo de un inmueble, sino de un mensaje: que las instituciones también pueden reformarse desde el espacio físico, el trato humano y la lógica operativa. Que el Ministerio Público no tiene que oler a miedo y papel viejo. Que el derecho no es solo letra, sino también entorno.

Recobrar la confianza ciudadana no es una fantasía: es un proceso. Lento, sí. Pero posible cuando se combinan voluntad, profesionalismo y un poco de respeto por la inteligencia colectiva.

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Algo huele a podrido en Galerías Metepec

No es metáfora: huele mal. Y no solo por la cañería. La ampliación de Galerías Metepec exhala una pestilencia moral que los vecinos ya no disimulan. El nuevo santuario del consumo —esa Narnia de la fatuidad— se construyó a base de acuerdos más opacos que los rollos del Mar Muerto. Para hacerlo viable, se privatizaron calles: vialidades públicas que ahora fungen como entrada a un estacionamiento de paga. El espacio común se convirtió en cuota. Las autoridades firmaron, los inversionistas ganaron y la ciudadanía quedó reducida, una vez más, a clientela.

No todo lo que reluce es desarrollo. A veces solo es ornamento para la tranza.

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Se inaugura Casa de Toño… y Toluca ya se siente capital global

Se inauguró una sucursal de Casa de Toño en Toluca… y hubo quienes lo festejaron como si estuviéramos estrenando un centro de innovación aeroespacial. Discursos, fotos, aplausos. Algunos hasta juraron que esto marcará “un antes y un después” para la ciudad. ¿En serio? ¿Tanto alboroto por pozole?

Sí, el lugar es popular, el caldo sabroso y las quesadillas abundantes. Pero no deja de ser eso: comida rápida bien servida. Nada en contra de los antojitos —faltaba más—, el problema es la escala del entusiasmo. Que una franquicia de restaurante sea motivo de boletín oficial, gira pública y discursos de desarrollo, habla más de nuestra modesta noción de progreso que de las bondades del platillo.

¿Somos tan pueblerinos que confundimos consumo con crecimiento? ¿Tan faltos de visión que vemos en el pozole el símbolo de la nueva economía? ¿O tan resignados que cualquier tortilla caliente nos parece política pública?

Solo es pozole. Muy bueno, sí. Pero si seguimos celebrando pozolerías como si fueran políticas de Estado, quizá acabemos creyendo que la soberanía alimentaria empieza en la carta de postres.

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Revisar lo intocable también es transformación

Durante décadas, los Proyectos de Prestación de Servicios (PPS) fueron el instrumento predilecto del neoliberalismo institucional: una arquitectura legal diseñada para maquillar la deuda, privatizar lo público y transferir rentas seguras a corporaciones privadas disfrazadas de aliadas del desarrollo. Bajo la lógica de que “el gobierno no tiene por qué hacer lo que puede hacer el mercado”, se construyeron hospitales, vialidades y centros culturales con el dinero de todos… pero a costa de todos.

Hoy, con un gobierno progresista en el Estado de México, con un Poder Legislativo dominado por fuerzas de izquierda y con un Poder Judicial en proceso de redignificación, existen las condiciones estructurales y morales para revisar esos contratos. No con revanchismo, sino con responsabilidad histórica. Cancelar lo que sea abusivo, renegociar lo que aún sea útil y transparentar lo que por años estuvo escondido tras cláusulas de confidencialidad.

Revisar esos contratos implica entrar al corazón de la trampa financiera. He aquí los principales:

Hospital Regional de Alta Especialidad de Zumpango: contrato vigente hasta 2035, con pagos anuales que rondan los 300 millones de pesos.
Hospitales Regionales de Toluca y Tlalnepantla (ISSEMYM): cada uno con pagos de alrededor de 500 millones anuales.
Ampliación de la Vialidad Las Torres: contrato a 25 años (hasta 2032), con un costo total pactado de más de 5,500 millones.
Centro Cultural Mexiquense Bicentenario y Puente James Watt: proyectos firmados desde 2007, de alto costo y bajo escrutinio ciudadano.
Conservación de Carreteras del Edomex: con mantenimiento privatizado y resultados cuestionables.

No hay transformación sin justicia financiera. Y no hay justicia sin la valentía de preguntarse: ¿cuántos recursos públicos seguimos comprometiendo cada año en nombre de un progreso que ya no existe?

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No va a salir nada bien, Sibaja

En política, hay decisiones que son errores y otras que son provocaciones. Lo que intentó el secretario de Movilidad, Daniel Sibaja, al avalar una nueva modificación al título de concesión del Circuito Exterior Mexiquense —la novena, nada menos— entra en la segunda categoría. No era una corrección técnica ni una medida de eficiencia: era un traje a la medida para que la concesionaria siguiera cobrando peaje, ampliando plazos y garantizándose ganancias… a costa del erario y de los usuarios.

El abogado Paulo Díez Gargari volvió a prender las alarmas: denunció con claridad que esta “nueva modificación” era idéntica a la que ya se había intentado el año pasado y que había sido desechada por inviable y tramposa. Y tenía razón. Los argumentos legales no daban, el procedimiento era dudoso, y la intención era evidente: prorrogar privilegios. Pero el engaño se vino abajo. Otra vez.

Esto ya no es solo un asunto jurídico. Es una alerta política. ¿Quién asesora al secretario? ¿Qué intereses lo empujan a abrir este flanco en un momento en que se supone que la transformación debe pasar por la transparencia? ¿Qué tan comprometido está el gobierno con revisar los viejos contratos del neoliberalismo si, al mismo tiempo, hay funcionarios que intentan reeditarlos con nuevos nombres?

Sibaja abrió un frente innecesario. Y quedó expuesto. No va a salir nada bien. Y más vale que lo entiendan ahora, antes de que la indignación social se organice no solo en redes, sino en las urnas.

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