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Preludio a una marcha anunciada

Los memoriales no devuelven a las mujeres asesinadas, pero sí recuerdan que la impunidad también mata.

Es mediodía y el sol está en su punto más alto, hace un par de horas se registró un intento de feminicidio en el norte de Toluca y un policía perdió la vida al atender el llamado de auxilio: las cosas no mejoran. Juana Pedraza, madre de Jessica Sevilla Pedraza, víctima de feminicidio en el 2017, llega a la Plaza de los Mártires de esta capital para acompañar a los demás miembros de Contra la Impunidad y el Olvido. Personal de la Codhem y representantes de medios de comunicación ya se encuentran en el lugar. “Soy madre de la doctora Jessica Sevilla Pedraza que al igual que Ingrid fue desollada”, dice la señora Pedraza al personal del palacio de gobierno que, como en cada protesta, sale para mediar con los inconformes. Su tono es seco y firme, propio del dolor que causan años de respuestas parciales y sufrimiento.

Estas palabras, a cargo de la madre de Jessica Sevilla, son el preludio para colocar el segundo memorial a Eugenia Machuca Campos, quien fue asesinada en octubre del 2017, en Ocoyoacac, por Ricardo “N”, con quien tenía un vínculo sentimental. Eugenia era madre de tres hijos, tenía 35 años y su caso fue reclasificado de feminicidio a homicidio con perspectiva de género, lo que supuso para el imputado pagar sólo 165 mil pesos como reparación del daño ante la perdida de una mujer invaluable.

El asesor jurídico del caso de Eugenia, Gadiel Alcaraz, dice ante las cámaras que “el objetivo de estar hoy es para sumarse a una campaña contra la impunidad y el olvido. Las víctimas no son un número, tienen un nombre, tenemos que tener memoria…”, “…esto sucedió en Ciudad Juárez, y se pusieron memoriales para hacer presencia”, una reportera pregunta, ¿cuántos memoriales pondrán? La respuesta suena a justicia: “Todos… hasta que no se detenga esto”.

Aunque el número de monumentos que serán colocados, al menos este año, ronda los 35, está cifra no representa ni 4% de los 980 feminicidios contabilizados el año pasado en el país. A este número hay que sumar los feminicidios disfrazados de homicidios dolosos, el número es escalofriante.

Diez minutos antes de la una se comienza a perforar la explanada de la Plaza de los Mártires, en esta ocasión el memorial tendrá soportes, a diferencia del puesto en memoria de Fátima. El concreto opone resistencia, los trabajos quedan inconclusos… mientras, una a una, las víctimas de la violencia toman la palabra. Elizabeth Machuca, hermana de Eugenia habla con la voz entrecortada: “yo no la quisiera ver así, yo la quisiera ver viva, es triste poner un memorial para recordarle al señor gobernador que no está haciendo nada, que nos están matando a diario”. A las denuncias se suman los familiares de Édgar Villalba, quien lleva 318 días desaparecido.

Al terminar las intervenciones, un pequeño grupo, reunido en torno al memorial, pide apoyo económico para comprar otro taladro, el primero se rindió ante el concreto. Tal parece que la plancha de la plaza ofrece la misma resistencia que las autoridades para escuchar las voces de las familias que han perdido a un miembro. No hay gente alrededor, sólo medios y uno que otro curioso. El sol ya no quema, asfixia… Las familias de las víctimas se encuentran solas, aunque miles de personas circulen por la zona y los representantes de los tres poderes estén a unos metros.