Pretextos para la agresión

Hace un año, un polémico ataque químico cerca de Damasco llevó a Estados Unidos a amenazar con bombardeos selectivos en Siria, situación que ahora parece repetirse con el pretexto de la expansión del fundamentalismo islámico, escudado en similares objetivos geopolíticos. A mediados de junio, el denominado Estado Islámico de Iraq y el Levante, uno de varios entes opositores que intentan derrocar al presidente sirio Bashar al-Assad, protagonizó una expansión relámpago en casi la mitad noroccidental del territorio iraquí. El control de territorios estratégicos en producción petrolera por el autoproclamado Estado Islámico (EI) alrededor de Erbil, capital del Kurdistán iraquí, determinó
septiembre 22, 2014

Hace un año, un polémico ataque químico cerca de Damasco llevó a Estados Unidos a amenazar con bombardeos selectivos en Siria, situación que ahora parece repetirse con el pretexto de la expansión del fundamentalismo islámico, escudado en similares objetivos geopolíticos.

A mediados de junio, el denominado Estado Islámico de Iraq y el Levante, uno de varios entes opositores que intentan derrocar al presidente sirio Bashar al-Assad, protagonizó una expansión relámpago en casi la mitad noroccidental del territorio iraquí.

El control de territorios estratégicos en producción petrolera por el autoproclamado Estado Islámico (EI) alrededor de Erbil, capital del Kurdistán iraquí, determinó el inicio desde el 8 de agosto de bombardeos de la aviación militar estadounidense, de los cuales se han completado más de un centenar.

De acuerdo con el presidente Barack Obama tales incursiones podrán mantenerse por tiempo ilimitado, hasta contener la amenaza que supone el radicalismo islámico para minorías confesionales, obligadas al éxodo por los brutales métodos de quienes exigen obediencia absoluta a los principios del Islam y pretenden instaurar un califato.

Sin embargo, Estados Unidos también podría encontrarse a un paso de acciones militares directas en Siria, bajo el pretexto de acabar con los extremistas del EI, que también ocupan parte de ese territorio.

Los objetivos serían similares a los que desarrollamos en Iraq, con golpes limitados a vehículos de combate, posiciones de artillería y puestos de control de los yihadistas, comentó un funcionario gubernamental citado por el diario Star and Stripes.

Damasco advirtió que cualquier acción de Washington en su territorio debe ser previamente coordinada o, de lo contrario, sería considerada un acto de agresión y amenaza a la soberanía nacional con inevitables respuestas.

Tal situación asemeja el peligro de confrontación vivido hace un año.

El 21 de agosto medios de prensa inundaron los espacios con la noticia de un ataque con gases tóxicos en Ghouta Oriental, a unos cuatro kilómetros de la capital siria, acción que motivó tempranas y poco convincentes acusaciones de Washington y sus aliados occidentales contra el gobierno del presidente Bashar al-Assad.

Si bien la Casa Blanca esgrimió que disponía de pruebas que incriminaban a la dirección de la nación levantina, se abstuvo de presentarlas a la opinión pública y amenazó con bombardear cerca de medio centenar de objetivos militares y políticos.

Con ello desconocía argumentos de que la liberación de los mortales gases podía responder a una provocación de grupos opositores, mientras desoía advertencias de que los posibles bombardeos agravarían la compleja situación humanitaria y podrían dejar los arsenales químicos sirios a merced de fundamentalistas islámicos y terroristas de Al Qaeda.

La voluntad del gobierno de Bashar al-Assad y la hábil mediación de Rusia cerraron las puertas a una inminente agresión, lo cual condujo a la entrega y destrucción, a mediados de este año, de la totalidad de las armas químicas del país mesoriental.

Desde que inició el conflicto en marzo de 2011, Estados Unidos y naciones aliadas optaron abiertamente por respaldar a las bandas opositoras que persisten en derrocar por la fuerza al presidente Bashar al-Assad.

Los grandes medios de comunicación reconocen muy pocas veces que la variopinta oposición siria se encuentra integrada en un porcentaje significativo por grupos de radicales islámicos y fundamentalistas, como es el caso del llamado Frente al-Nusra, derivación de la red Al Qaeda, y el propio EI.

Varias estimaciones indican que en aquella nación combaten entre 35 mil y cerca de 100 mil insurgentes y mercenarios procedentes de más de 80 naciones, incluidos ciudadanos estadounidenses, canadienses, británicos, franceses, australianos y otros.

Pese a ello, la administración Obama sigue apostando por concretar el denominado cambio de régimen en Damasco, para lo cual solicitó unos 500 millones de dólares a fin de entrenar y equipar a grupos opositores, plan que sigue sin concretarse debido a la falta de aprobación del presupuesto militar para 2015 en el Congreso.

La Casa Blanca adujo días atrás que sigue trabajando en la propuesta para alistar en 18 meses unos dos mil 500 efectivos, en un país aún por determinar; si el paquete es aprobado complementaría el programa encubierto que agencias de inteligencia norteamericanas realizan con el propósito manifiesto de derrocar a al-Assad.

Hasta el momento, Washington desembolsó unos 287 millones de dólares para respaldar a dichos grupos, según cifras oficiales.

A fines de enero, el Congreso estadounidense aprobó en secreto el envío de armas y ayuda financiera a las bandas armadas en Siria, con un presupuesto que vence el venidero 30 de septiembre.

La asistencia incluyó varios tipos de cohetes antitanques, municiones de infantería y otros abastecimientos indispensables para las acciones de los llamados "sectores moderados" dentro de los grupos subversivos del país árabe.

 

DILEMAS DE ATACAR EN SIRIA

 

Obama se encuentra bajo creciente presión de legisladores para actuar contra el EI dentro de Siria, sobre todo desde que el grupo publicó hace unos días un video donde muestra la decapitación del periodista estadounidense James Foley.

Posteriores declaraciones belicistas de altos funcionarios del gobierno y afirmaciones de que los radicales islámicos solo pueden ser derrotados si se les golpea en Siria abren expectativas de que los ataques aéreos de Washington resultan inminentes.

Funcionarios gubernamentales bajo condición de anonimato refirieron a medios de prensa el 25 de agosto que el gobernante autorizó los vuelos de espionaje sobre el país mesoriental para localizar y mantener la vigilancia sobre objetivos del EI.

Si bien la información recopilada por los vuelos podría apoyar una amplia campaña de bombardeos, funcionarios y expertos cuestionan que las incursiones aéreas puedan degradar significativamente lo que algunos califican como un "Ejército terrorista".

Analistas de la comunidad de inteligencia caldearon un poco más este debate al revelar que alrededor de 300 ciudadanos norteamericanos combaten en la región, mientras que se mostraron preocupados por la posibilidad de que estas personas realicen ataques terroristas si regresan a Estados Unidos después de recibir entrenamiento en ultramar.

Conocemos que hay varios centenares de individuos con pasaportes norteamericanos en las filas del EI, aunque resulta difícil precisar si están en Siria o se trasladaron a Iraq, señalaron las fuentes citadas por el diario The Washington Times

No obstante, entre los asesores de la Casa Blanca suscita creciente preocupación cómo golpear a los extremistas sunitas sin que ello beneficie a las fuerzas leales al presidente Bashar Al-Assad.

Para ello, la aviación pudiera volar desde la parte iraquí del límite fronterizo y disparar contra blancos en territorio sirio con el empleo de armamentos de gran alcance y precisión, sin necesidad de penetrar en esa nación, detalló el diario The New York Times.

Además, el Pentágono tratará de interferir los sistemas de defensa antiaérea de Siria, lo que según el Times, pudiera obstaculizarles la detección de la presencia de los aviones estadounidenses en su espacio aéreo.

La Casa Blanca sigue entrampada en su postura de desconocer a las autoridades del país levantino y descartó la posibilidad de coordinar con Damasco los eventuales ataques aéreos, según subrayó el portavoz presidencial, Josh Earnest.

En junio, la población siria avaló la reelección de al-Assad con más del 88 por ciento de los sufragios, algo leído por analistas como un plebiscito popular que respaldó las posiciones del Ejecutivo y el desempeño del Ejército Árabe Sirio como garantía de la supervivencia nacional ante las agresiones de los yihadistas, otros grupos opositores violentos y naciones hostiles.

En los últimos meses, el Ejército sirio recuperó el control de importantes zonas del país, mientras las autoridades impulsan un complejo y urgente proceso de paz y reconciliación para la nación considerada parte del llamado Eje de Resistencia regional, defensora de la causa palestina y fuerte crítica de los planes expansionistas de Estados Unidos e Israel.

Obama parece a las puertas de un nuevo laberinto, similar a donde se colocó hace un año: tratar de golpear a los extremistas y a la vez lograr el derrocamiento de al-Assad, sin que ello suponga la ingobernabilidad del país y la expansión regional del yihadismo, algo que, al menos públicamente, mantiene desvelos en Washington.

 

* Periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.

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