El PRI hace lo que puede, no lo que debe. Nunca lo ha hecho. Su nómina de candidatos ejemplifica nítidamente la decadencia. Su intención parece no ser la de convencer, sino la de imponerse. En los electores está la última palabra.
*
Aarón Urbina es uno de los personajes más nefastos de la llamada clase política mexiquense tradicional a la que, por cierto, representa muy bien. Encarna todos los defectos y desviaciones que algún personaje de la vida pública pueda tener: corrupto a más no poder, ignorante, incompetente e inescrupuloso. Su historia lo describe. Que el PRI recurra a él para intentar regresar al gobierno municipal de Tecámac es lamentable.
*
Los ciudadanos mexiquenses están entrampados por los partidos políticos. Salvo en contadas y honrosas excepciones, tendrán que elegir entre malos o muy malos. El sistema no ayuda a la construcción de una representación popular auténtica o gobiernos honestos y eficaces. Está capturado por bandos y bandas. Eso de elegir libremente es un cuento.
*
No estaría nada mal que en la primera oportunidad que tenga la gobernadora salga a tomar el aire al parque Sierra Morelos, está a 10 minutos de su oficina, y sirve que con sus propios ojos atestigua, de pasada, el atraco que han cometido allí. Reportaron al final de la administración anterior un gasto de 80 millones de pesos en su remodelación —por cierto, contrato que asignaron a una de las empresas del actual vocal de CAEM, Armando Alonso Beltrán— y hoy está abandonado y destruido. Negligencia y corrupción o viceversa. Es escandaloso.
*
Eruviel será diputado federal; Aaron Urbina, candidato a alcalde; José Manzur, diputado local. Regresamos a 2011. La nomenklatura que mal gobernó y saqueó al Estado de México nunca se ha ido. La reinstalación de Raymundo —otro de los suyos— en la presidencia municipal de Toluca está en marcha y es posible. Todo en las narices de una contemplativa, por no decir colaborativa, 4T. ¡Pff!

Síguenos