En política, es común que los acuerdos entre partidos, grupos o individuos, sean inconfesables. Generalmente, los construyen a través del intercambio de cosas, no de coincidencias ideológicas o programáticas. Te doy esto, pero me das esto y te apoyo. Así es, lamentablemente, en todos los niveles. Es, en esencia, el perverso sistema de incentivos desarrollado con el PRI y con el que compró al PAN. Para ellos todo es una mercancía.
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Pero creer que solo en el PRI así se arregla un acuerdo, es equivocado y cándido. Durante años, esa fue fórmula del GAP en el PRD y después en Morena. Es religión en el PT, Verde, PRD, MC, NA, en todos. La diferencia, quizá, es que son más discretos y no tan tontos ni cínicos como el bruto de Marko Cortés.
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De allí, aquella máxima de que «los acuerdos políticos son como las salchichas, nadie sabe de qué porquería están hechas, pero a todos les gustan». Los pactos mafiosos son síntoma de la decadencia política que se había normalizado.
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Falta por ver si el motín por el mal reparto de botín en Coahuila tendrá algún efecto en la alianza PRI-PAN en el Estado de México o simplemente hacen como que no pasó nada y siguen adelante. También, observar la reacción de los electores frente al asunto tan penoso, que podrá ser de castigo, votando en contra; de fanatismo, perdonándolo o de indiferencia.
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La corrupción durante el malogrado gobierno de Raymundo Martínez, en Toluca, era galopante. Todo estaba organizado para robar, era francamente una estructura criminal que hasta ahora sigue impune. Las pruebas están allí a la vista de todos, particularmente del Órgano Superior de Fiscalización y Sistema Anticorrupción.


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