Reparten alegría a niños vulnerables, son los Punks Reyes Magos del Valle de México

Cada 6 de enero, desde 1990, "el Pikos" ha recaudado y repartido regalos a infantes migrantes, indígenas o en situación de calle: “los invisibles del sistema”, les llama
enero 6, 2024

Por Iván Ortiz

En los campamentos migrantes de la Ciudad de México (CDMX), los Reyes Magos sí son reales. Vienen en una decena de camionetas rayoneadas por dentro, que sustituyen los tradicionales animales. Van vestidos y vestidas con chaquetas de cuero y estoperoles en lugar de coronas y capas. Son los Punk Reyes Magos

A las 23:30 horas del 5 de enero llegaron al primer lugar de su recorrido: la Plaza de la Soledad, en la alcaldía Cuauhtémoc. “Ya llegaron los Reyes, avisen a los morros”, gritan los punks. Decenas de infantes de Nicaragua, Cuba, Haití y Venezuela salen de las casas de campaña y corren hacia ellos. Al menos la mitad sin llevar un suéter puesto y en espera de recibir los obsequios donados en los municipios de Naucalpan, Nicolás Romero, Atizapán y de Ecatepec. 

Comienza el reparto de donaciones. Algunos de los Reyes Magos organizan a los menores para darles peluches, balones y bicicletas, “¡Formen una fila del mayor al menor!”. Otros comienzan a colgar una piñata para los más pequeños.

Al final, unos niños más grandes que se colaron en la fila terminaron por romperla. Entonces, todos corren y gritan en distintos acentos para conseguir aunque sea un dulce; sin saber que se partirán otras dos piñatas y, además, les prepararon aguinaldos navideños.

Por último, sacaron cuatro bolsas llenas de ropa para adultos e infantes y cobijas. Esto último, junto con suéteres y chamarras, es lo primero en recogerse.

Es claro que nadie se quedó con las manos vacías. Sin embargo, José Luis Escobar, “el Pikos”, como le dicen sus “compas”, se acerca a las madres para preguntar si necesitan algo más para ellas o para sus hijos. 

El Pikos tampoco lleva nada con qué abrigarse, solo una playera negra con el logo de los Punks Reyes Magos; pero tampoco parece importarle. Grita, abraza y sacude los brazos para celebrar cada regalo de la noche. En este momento, es el único adulto en la Plaza de la Soledad que está tan emocionado como los infantes.

Una felicidad solidaria y autogestiva

Cada 6 de enero, desde 1990, «el Pikos» ha recaudado y repartido regalos a infantes migrantes, indígenas o en situación de calle: “los invisibles del sistema”, les llama. 

Todo comenzó con la intención de darle a su madre una mejor opinión de su atuendo punk y postura antisistema. Inicialmente, solo eran tres Punk Reyes Magos: Fernando Rodríguez, «el Morgan», su compa al que le llaman “el Sapo” y él

El Morgan menciona que primero repartieron juguetes en la Colonia Valle de Ecatepec, en el Estado de México (Edomex), donde vivían entonces: “En ese entonces éramos bien ariscos, pero aun así la gente nos apoyó”, recuerda. 

Los punks se multiplicaron y se enfocaron en la CDMX. Los regalos de este año fueron donados por familias de la capital, así como de Naucalpan, Nicolás Romero, Atizapán y de Ecatepec. 

En la Casona Otomí, ubicada en colonia Roma, El Pikos reconoce que llevan varios años que no lanzan la caravana hacia el Edomex. Pero algunos juguetes se mandan allá. Por ejemplo, este año se repartirán juguetes de Los Punks Reyes Magos en San Agustín, Ecatepec. La cita es este domingo 7 de enero, a las 13 horas, en el Centro Cultural Comunitario B.A.N.C.O.

“¿Qué tiene de punk regalar juguetes a niños indígenas y migrantes?”, le pregunto al Pikos. “Ser punk es ser solidario y ciudadano del mundo, sin fronteras ni banderas», me responde.

“El movimiento punk busca que seas feliz, independientemente de la autoridad. Es lo que hacemos”, contesta Ricardo, un punk que lleva siendo Rey Mago por seis años. Para el Morgan, “el punk está en dar felicidad como un acto solidario y autogestivo”, en una sociedad de consumo y autoritarismo.

Seguramente los niños no se acordarán de ellos ni ellos de los niños, explica, pero ambos mantendrán vivo por mucho tiempo el haber recibido y brindado esos regalos. Y eso los motivará a hacer más actos así.

El espíritu Punk de inicios de año

Son las 4 de la mañana del 6 de enero y estamos en la última parada del recorrido, un campamento migrante de venezolanos al lado de la Central de Autobuses del Norte, en la Alcaldía Gustavo A. Madero.

Todavía quedan dos camionetas con peluches y ropa por repartir y dos horas antes del amanecer; pero pocos tienen la energía del Pikos para un recorrido más.

«¡Pandilla, otro campamento! ¡Otro campamento!» El hambre, frío y el cansancio no han mermado en nada su entusiasmo y logra mover a sus compas a otro lugar.

«Viene del barrio y sufrió un chingo de necesidad. Eso te hace pensar ‘¿por qué yo voy a tener algo y el otro no?’. Por eso, el Pikos se mueve tanto por los olvidados y por eso nos late jalar con él», comenta el Morgan al respecto.

Para ambos, lo que más les ha gustado de estos 33 años velando por los sueños de los olvidados, son las caras de emoción de las infancias, las caras de tranquilidad de sus padres y las manos solidarias que los apoyan.

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