Qué escándalo, Elena, quitarte la ropa en este suelo tan frio. Quedarte desnuda y no salir corriendo. Ver una vaca con su ternero y quedarte a tres metros. Qué vergüenza no saber el secreto.
“Nada se repite, yo lo he intentado y no he podido.” Y era una mano de seis años que se acercaba a tu mano.
Qué miedo.
Te has asustado recien levantada de tu nombre en el plato, de tu nombre descalzo. Ha venido un dedo a señalarte a la cara. Todos te han mirado de frente. Ahora que correr ya no te toca, no te puede, no te tienta. No te sale, bobita, adueñarte de una piedra dentro de la bota, clavada en la cabeza.
¿Qué día era hoy? “Esto es el futuro, el futuro es esto, y el pasado está debajo.” No son niños porque ser niño era ser tonto. “Estamos hechos de agua, piel y Amor” ” Aquí vienes a hacer todo lo que quieras, y cuando ya lo has hecho y te quieres ir, subes más arriba, ¡pim! Y empiezas tu vida otra vez desde el principio. Y cuando te quieres ir subes más arriba. Eso es lo que yo creo.” ¿Cuándo se termina? “Nunca. Porque el cielo no se termina. ¿Verdad, mami?” No lo sé Nahla.
No lo sé.
“Te voy a contar un secreto.”
Qué de prisa pierdes autobuses ahora que no hay playas, que delante de tu casa crece una montaña, que se acaba el mundo, que no sales de casa porque tienes frío.
Ayer mientras cenaban les pasó por encima un documental partido en dos del cambio climático, de inviernos de volcanes, de pestes bubónicas, de lagos en charcos de lava que arrasaron el cielo y modificaron la Tierra, de un planeta que amenaza con desaparecer y se salva SIEMPRE. “Vamos a la cama.” “¡No mami, SIEMPRE me ha interesado esto!”
“¿Desde cuándo estás aquí?” “Desde hace mucho.” “¿Desde cuándo me conoces?” “Desde el otro país” “¿Dónde estabas antes?” “En China.
Ninguno sabía que fue la inclinación del Sol, un iceberg en deshielo, la ceniza de un volcán, lo que nubló los días, lo que nos asustó de noche, lo que nos aproximó a la muerte…
Ahora tú, reina, quítate la mano de la boca.


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