Es el clérigo que sustituirá a Norberto Rivera. Nació el 9 de enero de 1950 en Tepic, hijo de Carlos Aguiar Manjarrez y María Teresa Retes Pérez. Estudió Humanidades y Filosofía en Tepic y fue obispo en Texcoco de 1997 a 2009.
Alternamente, de 2004 a 2006, fue secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) en un terreno donado por Montiel.
En 2009 fue trasladado a la Diócesis de Tlalnepantla y ha sido ligado al Grupo Atlacomulco pues siendo arzobispo de Tlalnepantla apoyó a Peña Nieto desde su primer acto de destape como precandidato a la Presidencia de la República.
Celebró también el matrimonio del ahora ex gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila con, María Irene Dipp y mantiene una relación con Alfredo del Mazo, actual gobernador del Edomex.
Fue nombrado en 2016 cardenal por el papa Francisco. Ha participado en el desarrollo de una pastoral misionera para México.
Durante el sexenio de Felipe Calderón demandó que el culto pudiera llegar a través de los medios de comunicación y en febrero de 2008 propuso una reforma al artículo 24 de la Constitución Política para sustituir el término “libertad de culto” por el de “libertad religiosa”.
El Vaticano ha oficializado esta mañana el nombramiento de Carlos Aguiar Retes como Arzobispo Primado de México, y aceptó la renuncia presentada por el cardenal Norberto Rivera Carrera, al cumplir los años de servicio y retirarse a los 75 años y tomará la dirigencia del Arzobispado el 5 de febrero del siguiente año.
El nombramiento de Carlos Aguiar Retes, de corte más abierto al diálogo que su antecesor, Norberto Rivera Carrera, implica un viraje de rumbo en la Iglesia mexicana. De acuerdo con la opinón del analista Javier Lafuente, el Sumo Pontífice pone a alguien de su confianza en un momento en el que las organizaciones evangélicas crecen en el país, y en la antesala de las elecciones del siguiente año.
El nuevo Arzobispo de México es un clérigo de la élite. El mensaje para Lafuente es que la desición implica un "respiro" a la clase política mexicana. "La salida de Rivera supone una distensión de la agenda ultracatólica que éste manejaba".


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