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Recordatorio del sobregiro ecológico

jose-luis-arriaga

Recordatorio del sobregiro ecológico

Entonces, valga como recordatorio: estamos cada vez más cerca de la “quiebra“ por gastar de más

Se nos ha enseñado que la supervivencia equivale a lucha. Una de las ideas más extendidas sobre la evolución es la que habla de la supervivencia del más fuerte, que suele ser entendida como que el pez más grande se come al chico. Ello encierra la creencia de que es posible sobrevivir en la medida que se libra una lucha con los elementos del entorno. Aunque es una idea casi generalizada y que ya forma parte del sentido común, no necesariamente es correcta. 

Los principios evolutivos, sobre todo referidos a los postulados de Darwin, quizá sean de los menos comprendidos aunque muy difundidos. Es casi seguro que ello se debe a que los resultados de su trabajo científico fueron publicados de manera paralela a la Revolución Industrial. Así, el proceso de transformación económica, social y tecnológica que se desarrolló en la segunda mitad del siglo XIX tomó y popularizó algunas ideas que le resultaban convenientes de teorías tan importantes como la de Darwin. Una de esas ideas es la que identifica como unidad de supervivencia a los individuos y a las especies: cada ejemplar libra una batalla por la adaptación y los más débiles o indefensos no sobreviven.

La adecuación de esa idea, que resultó conveniente para el impulso de la revolución industrial, era que se estaba ganando la batalla como especie, en la medida que se reducían las desventajas humanas. Cada motor, cada máquina, cada línea de producción facilitaba la supervivencia, porque volvía más fácil producir los satisfactores de las necesidades humanas. A partir de entonces se diseñó, armó y consolidó un modelo de producción y consumo basado en la explotación de la naturaleza por parte de la especie vencedora: el ser humano.

Dado que la premisa principal que sostiene el modelo es la del dominio del entorno como condición de supervivencia, su viabilidad se sostiene sólo en la medida de que ese entorno sometido tenga la capacidad de abastecer las necesidades humanas. Pero resulta cada vez más evidente que esa capacidad está siendo excedida. Desde hace ya varios años se ha venido documentado el “sobregiro ecológico“, como muestra de que el modelo no marcha por el rumbo correcto.

Consumir más de lo que el planeta puede proveer

En este mismo espacio hemos hablado ya de ese fenómeno consistente en consumir cada año mucho más de lo que el planeta puede proveer. Hace tres años mencionamos aquí (basados en el informe de la Global Footprint Network) que la humanidad había adelantado más que nunca su sobregiro ecológico; que nos había alcanzado ese punto de exceso de consumo el 29 de julio. Luego vino la pandemia y debido a las restricciones dictadas para tratar de contener al virus –sobre todo por la disminución en el consumo energético– fue que se desaceleró ese sobregiro. Pero este año 2022, el sobregiro, según los datos de la organización internacional ya referida, tuvo como fecha el 28 de julio pasado. Ese día agotamos los recursos necesarios para dar alimento, vestido, energía y demás satisfactores a los casi 8 mil millones de habitantes del planeta; lo que resta del año vamos a operar con déficit ambiental.

Sólo a manera de recordatorio, la fecha en la que se llega al sobregiro de la Tierra significa el momento del año en que la demanda anual de elementos del entorno por parte de la humanidad excede lo que los ecosistemas pueden generar en el mismo lapso. A partir de ese punto comenzamos a tomar prestado de lo que tendríamos para el siguiente año. O sea, estamos usando lo que estaría destinado a las generaciones futuras. Vivimos de un tipo de fraude, pues tomamos algo que no nos corresponde para consumirlo de inmediato.

Según los datos de la Global Footprint Network, para este 2022 hay países que alcanzaron ese punto de sobregiro apenas en el primer trimestre del año. Así es, la población de Estados Unidos y Canadá consumió hacia el 13 de marzo lo que debería corresponderles para todo el año. El resto de los meses consumen algo que toman “prestado“ de otras latitudes y de otras generaciones. Su huella ecológica, el rastro documentable de lo que obtienen del ambiente para mantener su estilo de vida, es mucho más profundo y acelerado que otros países (como Ecuador, cuyo sobregiro se calcula el 6 de diciembre, por ejemplo).

Entonces, valga como recordatorio: estamos cada vez más cerca de la “quiebra“ por gastar de más. La biocapacidad del planeta está llegando a sus límites. Los estilos de vida no parecen sostenibles en el largo plazo. La humanidad utiliza cada año no sólo los recursos disponibles, sino que toma de los años venideros para satisfacer su consumo. Lo anterior demuestra que más que el individuo o la especie, la unidad de supervivencia es el organismo en un ambiente, no el organismo contra el ambiente.

Y también a manera de recordatorio, hay que decir que no existe un “ambiente”, en un sentido separado de los seres vivos: más bien todo organismo construye su propio ambiente, seleccionando del entorno los elementos que son significativos para su existencia. Entonces, uno sobrevive sólo si el otro también lo hace. La lucha no es contra el ambiente, la supervivencia de la especie humana está atada a la supervivencia de los componentes de su ambiente. Las condiciones materiales en las que se desarrolla nuestra vida son transformadas precisamente por la presencia de todos nosotros, lo cual hace imposible impedir que el entorno cambie. El problema es que parece estar cambiando de tal manera y a un ritmo tal que conduce a la extinción de muchas especies, cuya presencia es indispensable para muchas expresiones de la vida, incluida la nuestra.

Entonces, la supervivencia no es una lucha, sino relaciones. El pez grande se come al chico, pero para seguirlo haciendo debe permitir que esa especie, que le significa alimento, se reproduzca. De lo contrario, se convierte en otra cosa que coma otros tipo de seres (vía la adaptación) o simplemente se extingue. Y la supervivencia del “mas fuerte“ solo puede darse en la medida que haya “débiles“. No puede ser fuerte en relación con nada.