Justo en el momento en que escribo estas líneas se está cumpliendo una semana de que Maribel no contestó el teléfono cuando su papá le llamó para saber si estaba bien. A las 14:00 horas del pasado 16 de noviembre ella debía estar llegando a la Facultad de Enfermería y Obstetricia de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex), donde cursaba el primer semestre. Su papá le llamaba habitualmente a esa hora para cerciorarse de que todo estaba en orden, de que había llegado a su Facultad; pero ese día la llamada no entró a su celular. Apenas hacía escasa una hora que Maribel había abordado un taxi colectivo desde Tenancingo para trasladarse a Toluca. En el camino alguien quebró su vida, le arrancó los sueños y nos dejó a todos con menos esperanzas en el futuro de este país.
Maribel González Bernal tenía apenas 18 años de edad, hace sólo unos meses se había graduado por excelencia académica del Centro de Bachillerato Tecnológico (CBT) de Tenancingo. Se sentía muy orgullosa de haber logrado aprobar el examen de admisión para estudiar en la UAEMex; no fue fácil. Su familia y maestros son testigos de cómo se preparó para presentar dicha evaluación. Cuando fue aceptada quedó claro que debería viajar diariamente desde su natal San Martín Coapaxtongo, en Tenancingo, hasta Toluca; pero era algo que estaba dispuesta a hacer. Trasladarse unos 50 kilómetros diariamente para ir a la escuela es algo que hacen cientos y cientos de jóvenes en nuestra entidad. Esa distancia no tendría por qué representar un obstáculo mortal para las expectativas de una jóven que busca superarse, tener una profesión, servir, apoyar a su familia. Pero ocurre que en México, y especialmente en el Estado de México, eso ha dejado de ser "normal".
Los compañeros de Maribel que aún acuden hoy al CBT donde ella estudió han dejado de caminar solos al llegar o salir del colegio; hacerlo les parece de lo más peligroso. No son pocos los que llevan en sus mochilas, mezclados con cuadernos y libros, un picahielo, un desarmador o por lo menos unas tijeras: han asumido que nadie va a defenderlos, a protejerlos a brindarles la seguridad de ir y venir a la escuela sin que estén en riesgo. La autoridad es apenas una figura fatasmagórica.
Este viernes esos alumnos del CBT saldrán a manifestarse a las calles de Tenancingo, a desfogar un poco de la impotencia y de la rabia que les produce el saberse en ese estado de indefención y orfandad. Pero no son los únicos, en varias comunidades de Tenancingo, como Xochiaca, Santa Ana o San Pedro Zictepec la gente se encuentra ya en un estado de abierta rebeldía contra la autoridad. Ayer jueves intentaron linchar a una persona en Xochiaca, en San Martín, la tierra de Maribel, cerraron la carretera Federal Tenango-Tenancingo para denunciar que se "están robando a niños y jovencitas" sin que la autoridad haga nada.
Maribel, alumna destacada, integrante de la escolta en su plantel, era de las mejores en su grupo y fue sepultada este martes por su familia, que ahora se siente rota, que está en medio de una tragedia profunda, universal, porque su universo era esta niña que fue cobardemente asesinada. Ese dolor, esa frustración de la familia de Maribel hay que multiplicarla por 20 mil, porque ese es el número de homicidios que han ocurrido en México en lo que va del año. Somos un país roto y cada día se desgarra más, pues el promedio de asesinados intencionales es de 68 al día, 6 de ellos en territorio mexiquense.
La impunidad es, sin duda, un factor que contribuye a que esta descomposición se acelere. Una de las maestras de Maribel y sus compañeros se preguntaban incansablemente ¿por qué? ¿Por qué le hicieron eso a Mary? Y yo pienso que lo hicieron simplemente porque podían hacerlo sin temer a un castigo, sabedores de que las instituciones de procuración de justicia no investigan, no dan seguimiento a los casos (salvo que se trate de un delito "de alto impacto", lo cual se entiende como aquellos casos en que la víctima sea un alto ejecutivo de Televisa), sino que se ahogan en carpetas de investigación. Tan solo este mes, el primero del nuevo gobierno estatal, se abrió la cifra record de 28 mil 508 carpetas por delitos diversos.
Pero detrás de cada uno de esos números hay historias humanas trágicas, de gente que muere, que pierde su patrimonio, su salud, su tranquilidad, sus sueños. Cada vez que eso ocurre se cancelan esperanzas de tener una sociedad en donde todos se sepan incluidos y a salvo, que les permita construir sus vidas como se sientan mejor. Igualmente, tras cada delito que queda sin castigo se emite la señal de que se puede hacer el mal sin que haya consecuencias, generando una reacción en cadena que nos ha ubicado ya en el peor año en materia delictiva en la historia del país.
Maribel era integrante de la comunidad universitaria, por eso es obligación moral de quienes formamos parte de esta Universidad exigir que se haga justicia en su caso. La cabeza de ese reclamo debe ser el Rector, quien hizo público su rechazo a la violencia y se solidarizó con la familia a través de las redes sociales. Debe encabezar la exigencia a la autoridad para que el caso no se archive, no sea uno más, un registro estadístico, un número; porque con cada Maribel que nos arrebaten se nos va escapando un futuro posible con jóvenes preparados, dispuestos a servir, a superarse. No lo debemos permitir.


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