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Regresa el cinismo de Frank Underwood

Washington, lugar en donde la sed de poder se encuentra en cualquier parte y la confianza es prácticamente una hipocresía. La capital estadounidense es el lugar en donde se conglomeran las más distintivas élites, y es así como lo refleja la serie original de Netflix, “House of Cards”.

La tan aclamada serie regresa con su tercera temporada, con un Frank Underwood más que cínico y oscuro.

Es un Washington dominado por políticos sedientos de poder, más cercano a la turbia capital que retrataron películas como Advise and Consent (1962) y The Manchurian Candidate (con Frank Sinatra en 1962 y con Denzel Washington en 2004), y alejado del retrato idealizado de la presidencia que ofreció El Ala Oeste de la Casa Blanca (1999-2006), un clásico de la televisión.

Durante el gobierno del republicano George W. Bush, muchos soñaban con tener en la Casa Blanca a Josiah Bartlet, el ficticio presidente demócrata que interpretaba Martin Sheen en la serie. Bartlet era un presidente idealista y bueno, que recordaba al senador Jefferson Smith (James Stewart), el protagonista del clásico de Frank Capra Caballero sin espada (1939).

En el Washington de House of Cards, al igual que en el de otras series ambientadas el mundo político estadunidense como Homeland o Scandal, es mejor no fiarse de nadie si uno no quiere que le claven un puñal por la espalda.

Y nadie encarna mejor este Washington oscuro que Frank Underwood (Kevin Spacey), el protagonista de House of Cards, y su esposa Claire (Robin Wright). Los Underwood, fríos y manipuladores, no se detienen ante nada ni ante nadie con tal de conseguir sus propósitos.

El pragmatismo despiadado del congresista demócrata de Carolina del Sur Frank Underwood -personaje inspirado en el antihéroe de la serie británica homónima, el conservador Francis Urquhart a quien dio vida Ian Richardson- le lleva a ser líder de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes. Tras no lograr el nombramiento como secretario de Estado, mueve las fichas en el tablero del poder de Washington hasta conseguir ser en la segunda temporada vicepresidente y afrontar la tercera ya como presidente de los Estados Unidos.

¿Pero es real el Washington que muestra House of Cards? Como dicen en muchas series y películas: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, empezando con que la mayor parte de las escenas de la serie no están rodadas en Washington, sino en un estudio en la localidad de Joppa y en las calles de Baltimore, ambos en el estado vecino de Maryland.

Según ha comentado Kevin Spacey, muchos conocedores de la política washingtoniana reconocen que el lado oscuro, corrosivo, siniestro y adicto al poder del Washington de la serie es “la descripción más precisa de cómo la política funciona en realidad”.

El guionista Beau Willimon, que trabajó en 2004 en la campaña presidencial del demócrata Howard Dean, conoce bien las bambalinas de la política. “‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ es cómo nos gustaría que el gobierno fuera, House of Cards es probablemente más cercana a cómo es en realidad”, dijo el año pasado en un acto en el Teatro Warner de Washington. Para el guionista, ser candidato a la presidencia del país más poderoso del mundo es ya en sí “una forma de locura”.

Obama, frustrado con un Congreso que bloquea sus iniciativas, se ha declarado admirador de “la eficacia despiadada” de Frank Underwood. “Es verdad, veo a Kevin Spacey y pienso: este tipo logra hacer muchas cosas”, bromeó en 2013 ante el presidente de Netflix, Reed Hastings. El actor le recomendó en Twitter que para lograrlo se comprara “el nuevo libro de Frank How to Kick Ass & Influence Congress”, que podría traducirse “Cómo patear el trasero e influir en el Congreso”.

“Puedo mentir, engañar y amedrentar para conseguir lo que quiero, pero al menos hago mi trabajo”, dijo Underwood en la magnífica parodia de la serie que interpretó ese año en la cena de corresponsales de la Casa Blanca. “Así que espero que algunos de ustedes tomen nota”, aconsejó a los políticos y periodistas presentes.

Pero que se sepa, a diferencia de los Underwood, al menos los congresistas, los senadores y los funcionarios del gobierno, no tienen muertos en el armario. “Somos asesinos, Francis”, dice Claire a su marido en el trailer de la tercera temporada. “Somos supervivientes”, remata Frank Underwood.

Con información de La Jornada