Después de catorce meses, el regreso a las escuelas parece más cerca, ahora sí. A partir del comportamiento que ha tenido la pandemia de covid-19 en nuestro país durante los últimos cuatro meses, las autoridades se han mostrado decididas a permitir el regreso de la actividad escolar presencial. En dos o tres entidades del país ya se han reanudado las labores en las aulas y otras tantas están a punto de hacerlo a partir de los siguientes días.
La base para este nuevo paso en el marco de la pandemia son dos elementos: la disminución del ritmo de contagios y el avance en la vacunación. Adicionalmente creo que debe agregarse el número de personas que tras padecer la enfermedad y recuperarse, han generado algún tipo de inmunidad, con lo cual la demanda de servicios de salud ha presentado un claro descenso.
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A partir de hoy, 16 entidades federativas en el país estarán en color verde dentro del semáforo de riesgo epidemiológico. Debe recordarse que las autoridades federales en materia de salud habían anunciado desde hace mucho tiempo que sólo estando en semáforo verde se permitiría el regreso a las aulas. Ya la Ciudad de México incluso ha adelantado que regresarán el día 7 de junio. La UNAM igualmente informó que a partir del siguiente semestre (agosto) estarán volviendo a las actividades en muchos de sus planteles. El gobernador del Estado de México declaró que se tiene pensado regresar a mediados del mes de junio.
En marzo de 2020, cuando se anunció la suspensión de clases, quienes nos desempeñamos en el ámbito educativo, nos mostrábamos más bien inclinados a la idea de que regresaríamos en cuestión de semanas. Para aquel momento era poco claro el nivel de gravedad de la pandemia. En México apenas y se habían reconocido unas decenas de casos. En el resto del mundo la incertidumbre era lo que reinaba. Hoy, después de millones de casos, cientos de miles de decesos y de una experiencia bastante traumática para la mayoría de los mexicanos, las aguas parecen haber bajado lo suficiente para permitir que naveguemos de nueva cuenta en el muy complejo mundo escolar.
Se sabe que las escuelas, desde el nivel preescolar hasta el posgrado, son un sitio neurálgico en la sociedad. Son el espacio en el que convergen millones de personas cada día: docentes, alumnos, padres de familia, autoridades, prestadores de servicios y más; pero también convergen en él las aspiraciones de movilidad social, la vocación por la enseñanza, la generación de conocimientos, la autoridad sobre los saberes y hasta la formación de los vínculos sociales más sólidos; todo ello en un muy complejo crisol difícil de apreciar plenamente.
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Volver a las aulas a estas alturas del año parece más bien como un gran ensayo para calibrar el funcionamiento en el siguiente ciclo. Sabemos que nuestro año escolar está organizado para cerrar ciclos en cuanto empieza el verano, lo cual habrá de ocurrir en cosa de un mes. Reanudar labores en dos semanas apenas deja espacio para permanecer en ellas una quincena o cuando mucho tres semanas, para enseguida dar paso al periodo vacacional.
Me atrevo a aventurar que a largo de las siguientes dos semanas las autoridades educativas convocarán a su personal para organizar el regreso. Primero habría que poner los planteles en pie: son miles las escuelas que han sido dañadas, robadas, vandalizadas, que requieren de aseo y mantenimiento. También se tendrán que formar comités de participación que diseñen estrategias para mantener los protocolos de sanidad que eviten contagios y, en general, la logística que permita regresar a los niños de forma paulatina a manera de prueba, para terminar el ciclo escolar en cuanto arranque el verano, insisto.
Luego, la pausa vacacional permitirá evaluar qué tanto fue posible mantener las medidas de mitigación de los contagios (con base en el registro de casos y su reflejo en los servicios médicos) y qué tan eficiente es operar con base en asistencia “voluntaria” o fraccionada. Y es que los procesos de enseñanza aprendizaje son demasiado sensibles a las condiciones en las que se dan. La virtualidad mantenida durante los últimos catorce meses así lo ha mostrado. Ya en otras ocasiones hemos abordado el tema en este mismo espacio y advertíamos sobre lo distópico que ha resultado el que todos aquellos acostumbrados a las dinámicas del aula, de manera súbita tuvieran que ajustar su actuar a la interacción mediada.
Ahora parece más bien que tendrá que venir un nuevo ajuste en nuestras estructuras psíquicas para recordar que es en las aulas o salones de clase donde se enseña y se aprende, después de meses de empeñarse en que ello ocurriera mediante encuentros virtuales, mediados.
No va a ser sencillo el regreso a las aulas para los actores principales, maestros y estudiantes. Sin embargo, los múltiples circuitos económico-sociales que estarían recobrando vida son muchos: el transporte, el comercio, los proveedores de papelería y artículos escolares, de ropa, de calzado y demás accesorios que acompañan la actividad escolar. Todos esos actores secundarios también están ávidos de recuperar lo perdido en todo este tiempo.
Hay que ser optimistas y esperar que las cosas marchen bien, a todos nos beneficia.



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