El Edoméx y la farsa de la Reforma Educativa
De acuerdo al Diccionario de la Real Academia, el vocablo farsa tiene diversas acepciones: pieza cómica, breve por lo común, y sin más objeto que hacer reír; o, enredo, trama o tramoya para aparentar o engañar.
En el Estado de México, recomendados, amigos, amigas, compadres, cercanos –quizá hasta parientes- caben en la reforma educativa que pregona la Secretaría de Educación Pública, cuya más representativa expresión es el coto de poder que Supervisores Escolares y directores de planteles mantienen en sus zonas de influencia; son quienes deciden quién accede a una plaza y quién debe buscar acomodo por sus propios medios, o simplemente quién queda afuera..
La alineación con el círculo cercano, simpatía personal o la sumisión, son premiadas en estos espacios donde no vale si el docente obtuvo una alta calificación en el examen de oposición, sino el “interés superior” de la institución educativa.
Los privilegios esenciales están reservados para la clase histórica de docentes, que en algunos casos ni siquiera llegan a tener un título profesional, pero cuyo mérito es contar con el apoyo sindical o tener “base”, desde años previos a la reforma. Para ellos son intocables los derechos gremiales.
La Ley General del Servicio Profesional Docente, establece en su artículo 23, que en la Educación Básica y Media Superior las Autoridades Educativas y los Organismos Descentralizados podrán asignar las plazas que durante el ciclo escolar queden vacantes, con estricto apego al orden de prelación de los sustentantes, con base en los puntajes obtenidos de mayor a menor, que resultaron idóneos en el último concurso de oposición y que no hubieran obtenido una plaza anteriormente.
Nada más alejado de una realidad que se inserta en los cacicazgos ejercidos por el priísmo en sus épocas de gloria.
Los docentes que son non gratos a las actitudes caciquiles de la supervisión de zona o de la dirección de los planteles, desarrollan una especie de indigencia laboral para obtener horas-clase, no importando su lugar de prelación, es decir, el sitio que ocuparon por la puntuación obtenida en el examen de oposición.
Pero las paradojas de la reforma no quedan sólo en estos desplantes.
Existen zonas en la entidad –la zona norte por citar un preclaro ejemplo- donde a estas alturas hay planteles educativos del nivel superior que carecen de energía eléctrica. ¡Sí! Está leyendo bien: carecen de energía eléctrica y así se mantuvieron durante el semestre que concluyó.
Si metafóricamente se compara al sistema educativo con un autobús, se puede decir que la reforma educativa centró su atención en mejorar la imagen, preparación y capacitación en el chofer -que en la metáfora es el docente- a quien ahora se exige que duplique o triplique esfuerzos, pero al mismo tiempo a quien se desconocen sus méritos propios, sin importar el lugar obtenido mediante el examen de oposición.
Pero lo catastrófico no radica ahí: se quiere un chofer de primera, para un camión de tercera… un camión que representa a un sistema educativo, con un motor averiado, llantas desgastadas; sin el suficientemente combustible o con una dotación de combustible mal distribuida, que forma parte de una cadena de elementos del sistema que terminan por imprimirle un deficiente funcionamiento, del que hay culpar al “chofer”; ¡nunca al propietario del camión! ¡nunca a las condiciones del vehículo!
Si el Secretario de Educación, Raymundo Martínez Carbajal se atreviera a dejar su cómodo sillón y la parafernalia de los eventos mediáticos; si exigiera un mínimo informe a los Subsecretarios y Directores Generales de Educación Básica, y Media superior, quizá sabría de qué habla esta columna.
CODA: En los géneros teatrales, la farsa es una obra cuyo propósito es motivar la risa del espectador; se caracteriza porque los personajes en escena se enfrentan a situaciones ridículas, de absurdo, incongruentes. ¿Habría algo más que añadir señor Secretario?


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