Román Francisco Cortés Lugo es actualmente diputado local por el Distrito XVI en la LXII Legislatura del Congreso del Estado de México. Su carrera política está anclada en una militancia de más de 20 años en el PAN, ocupando desde cargos juveniles y direcciones municipales en Atizapán de Zaragoza hasta la diputación federal que hoy representa.
En septiembre de 2025, Cortés anunció su renuncia al panismo para incorporarse al grupo parlamentario de Morena. El legislador justificó su decisión como un acto de «convicción» para alinearse con los principios de la Cuarta Transformación y poner «a las personas en el centro».
Para la dirigencia local de Morena, su incorporación obedece a un cálculo rumbo al 2027 debido a que Cortés tendría el capital político y estructura local para movilizar miles de votos a favor del oficialismo que busca recuperar Atizapán, solo gobernado por Morena entre el 2018 y el 2021.
La fractura en las bases: fundadores de Morena alzan la voz
Sin embargo, las decisiones de la cúpula chocan frontalmente con el rechazo de la militancia local en Atizapán. El descontento se concentra en la percepción de un oportunismo político y en la resistencia a lo que denominan una imposición frente a los liderazgos que fundaron el movimiento en la zona.

«No estoy de acuerdo en que esté Román Cortés como candidato para Morena porque él siempre ha sido panista y lo peor es que cada tres años nos han impuesto un panista», reclama una fundadora del partido en el municipio. La militante advierte sobre el desplazamiento de las bases originarias: «Yo he venido trabajando desde cuando fue movimiento, yo fui consejera y de ahí seguimos trabajando las compañeras y yo […] yo no voy a votar por Román».
La exigencia de identidad ideológica es una constante entre los habitantes inconformes. «Queremos que nos represente como partido, no que nos represente como el PAN porque a la gente del PAN no la queremos aquí», detalla un vecino del municipio. Ante el escenario electoral, la postura es categórica: «Preferimos evitar nuestro voto y no votar por Morena porque no queremos un presidente municipal y peor que venga de lo mismo».
Las juventudes morenistas también marcan su distancia al considerar que Cortés no representa las ideologías de la 4T debido a su larga trayectoria blanquiazul. «No estoy de acuerdo con la llegada de Román Cortés al partido, quisiera como que tomaran en cuenta más a los jóvenes», señala, confirmando la posibilidad del voto de castigo: «Yo no me sentiría identificado con Morena, por lo cual yo anularía mi voto».
A nivel estructural, la preocupación radica en el costo a largo plazo para el instituto político. «Puede echar a perder nuestro partido cuando no hay convicción de liderazgo en nuestro partido. Se necesita personas comprometidas con el pueblo y defender los principios», advierten, «no vienen con esas convicciones sino vienen buscando un cargo un puesto nada más pero no atienden a la ciudadanía».
Encuestas muestran descontento local
El choque ideológico es visible en los datos que circulan a nivel local. Encuestas informales difundidas en redes sociales de Atizapán muestran que el 72.2% de los consultados percibe el salto de Cortés como una maniobra para «beneficio personal/mantenerse en el poder», contrastando con un escaso 14.3% que cree que actuó por «convicción».
Las cifras reflejan además un déficit de confianza: el 71.1% opina que el legislador no dejó resultados importantes en el municipio durante sus gestiones previas, el 72.2% asegura sentir desconfianza hacia él y el 60.1% lo califica como un político que opera «lejos de la ciudadanía».

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