Sálvese quien lea

  El cartero de Neruda   Aunque el título original de la novela de Antonio Skármeta es “Ardiente paciencia” (el nombre de “El cartero de Neruda” apareció debido al éxito de la versión cinematográfica italiana), la verdad suena mejor, y da mayor entendimiento de lo que va la trama, la segunda opción. Pero bueno, no es que realmente importe eso, sino que la novela sea buena o no. Así que, empecemos por el principio. No es difícil adivinar el argumento: un joven pescador (sin mucho beneficio, valga aclararlo), Mario Jiménez, decide convertirse en el cartero de Isla Negra, cuyo único
noviembre 27, 2018

 

El cartero de Neruda

 

Aunque el título original de la novela de Antonio Skármeta es “Ardiente paciencia” (el nombre de “El cartero de Neruda” apareció debido al éxito de la versión cinematográfica italiana), la verdad suena mejor, y da mayor entendimiento de lo que va la trama, la segunda opción. Pero bueno, no es que realmente importe eso, sino que la novela sea buena o no. Así que, empecemos por el principio.

No es difícil adivinar el argumento: un joven pescador (sin mucho beneficio, valga aclararlo), Mario Jiménez, decide convertirse en el cartero de Isla Negra, cuyo único ser con misivas es, ni más ni menos, el gran poeta Pablo Neruda. Como Mario quiere codearse con semejante personaje sobresaliente, no le importa el magro salario con tal de que el posible ganador de un Premio Nobel de Literatura (al inicio de la novela sólo se sospecha que puede llevárselo el vate) lo conozca, le firme un libro o, ya palabras mayores, un libro suyo (de Neruda, obviamente) lleve una dedicatoria especial para este marinero de agua dulce, enamoradizo y bonachón.

La peculiar relación devendrá en una bella y poética amistad, que se verá segada por los difíciles acontecimientos políticos de la historia chilena: el ascenso y la posterior caída del régimen de Salvador Allende.

Según Miguel García-Posada, esta novela es “Un canto emocionante a la poesía y al amor en sus más contundentes y jocundas expresiones de vitalidad”; y la verdad sí es una tierna historia, amena y con ciertos tintes poéticos… y bastante breve, lo cual agradecemos quienes no toleramos tanta melcocha. Pero, ya en serio, sí se disfruta su lectura.

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