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Sálvese quien lea

Haikus de Yosa Buson

 

Nacido en 1716, en un pueblillo donde hoy se ubica la ciudad de Ósaka, Yosa Buson (nombrado originalmente Taniguchi, más tarde Saichoo, Keisoo, Shikoan y Yahantei) es universalmente conocido por su trabajo pictórico. Sin embargo, también cultivó el arte del haiku (o haikú, mas no jaiku, como colocaron en la edición de Hiperión donde leí la obra de este poeta), y su obra fue reivindicada por el poeta Masaoka Shiki.

Los cien haikus que componen la antología editada en 1992 nos muestran la solidez y el ímpetu, la delicadeza y la robustez de la lírica de Buson. Para muestra, un botón: el haiku con que cierra la selección preparada por los traductores Justino Rodríguez, Kimi Nishio y Seiko Ota: “Se fue Basho / Y yo inmaduro / Al final del año”. Buson, al acercarse a la clausura de sus días, se reconoce impotente, menesteroso, incapaz de alcanzar la magnificencia del gran maestro Basho. Pero, al hacerlo, logra un poema prodigioso, lleno de pasión y contrición.

Los antologadores reconocen que este gran poeta y pintor “nos ha dejado instantáneas de cosas que existen en sí mismas, regidas por sus mismos principios, únicas, sin alterarlas con la presencia de su yo. Gracias a sus esfuerzos, nosotros podemos acercarnos y presenciar sorpresas bellísimas y fugaces del mundo que nos rodea, a través de cristales, como en los acuarios de nuestras ciudades”.

Un centenar de verdaderas piezas de orfebrería, en un notable trabajo de traducción. Muy recomendable para quienes gustan de la brevedad y la concisión.