Sálvese quien lea

Defensa apasionada del idioma español   Más de 400 millones de personas en todo el orbe hablan este idioma nuestro, el español; aquellas palabras que, como dijera el gran Neruda, “se les caían de la tierra [a los bárbaros] de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes…”. Por ello, por ser éste el gran aglutinante que nos amalgama, que hace coincidir nuestras idiosincrasias, debemos protegerlo y cuidarlo; más bien, atesorarlo.   Álex Grijelmo, periodista encargado del “Manual de estilo” del periódico español “El País”, preparó esta “Defensa apasionada del idioma español” como
septiembre 11, 2014

Defensa apasionada del idioma español

 

Más de 400 millones de personas en todo el orbe hablan este idioma nuestro, el español; aquellas palabras que, como dijera el gran Neruda, “se les caían de la tierra [a los bárbaros] de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes…”. Por ello, por ser éste el gran aglutinante que nos amalgama, que hace coincidir nuestras idiosincrasias, debemos protegerlo y cuidarlo; más bien, atesorarlo.

 

Álex Grijelmo, periodista encargado del “Manual de estilo” del periódico español “El País”, preparó esta “Defensa apasionada del idioma español” como una “reivindicación del español, pero no a costa de otras lenguas sino en diálogo enriquecedor con ellas”.

 

Por ello, el autor defiende nuestro idioma de las constantes amenazas que padece: los extranjerismos, los neologismos debidos a las nuevas tecnologías (habría que incluir, pues el libro data de 1998, las redes sociales), la pobreza de los sistemas educativos… en fin, una miríada de incrustaciones en nuestra lengua. Y no se salvan ni los políticos, ni los académicos; ni el propio García Márquez o el diario en el cual trabaja.

 

El libro es muy interesante, y está abundado de ejemplos cotidianos que más valdría tener presentes; es una excelente guía para descubrir errores que se nos pasan jornada tras jornada. Un punto negativo: el cuidado de la edición no es todo lo bueno que se quisiera: hay muchas erratas, lo que demerita cualquier publicación, y muy en particular una que trata precisamente de salvaguardar y preservar el uso correcto del idioma.

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