El Conde de Montecristo
“La novela perfecta”: así marcó Gabriel García Márquez a la extraordinaria narración del cautiverio, escape y descomunal venganza (un ‘hybris’ total) de Edmond Dantès, personaje principal de “El conde de Montecristo”, posiblemente la novela de aventuras más grande y grandiosa de todos los tiempos.
Pocos habrá que desconozcan la historia: un hombre, acusado injustamente, pasa catorce años encerrado en la prisión de If, donde conoce al abate Faria, un clérigo quien lo educa y le indica dónde encontrar un gran tesoro, escondido por él en la isla de Montecristo. Baste decir que la influencia de esta historia es tan grande que la podemos hallar en personajes como el Zorro, el mismísimo James Bond y hasta “V”, el agitador oculto tras la máscara de Guy Fawkes de “V de Vendetta”, novela gráfica de Alan Moore y David Lloyd. Docenas de adaptaciones teatrales, cinematográficas, televisivas; al menos diez continuaciones escritas por sendos novelistas; y qué decir de la influencia que ha ejercido en cientos de películas, series de tv, libros, e incluso cómics y “animes” japoneses…
A pesar de la extensión (mi edición de bolsillo consta de apenas 1,375 páginas), que se entiende pues a Dumas le pagaban 80 centavos por línea –un dineral para la época–, y de que nunca sabremos cuánto aportó a la novela Auguste Maquet, uno de los “negros literarios” que escribieron buena parte de la obra de Dumas (aunque luego él añadiría o rescribiría casi todo), “El conde de Montecristo” brillará siempre como una obra cumbre de la literatura universal, una “narración ejemplar e impecable”, como señala Hugo Hiriart, con sobrada razón.


Síguenos